El ganado también puede prepararse para el invierno

El clima no solo afecta las producciones vegetales, sino que también impacta el bienestar y la producción de los animales. El efecto más observable puede ser la falta de alimento o que pierda calidad; sin embargo, la volatilidad climática también afecta directamente a los animales, modificando su comportamiento, metabolismo y uso de la energía consumida.

Un ejemplo es lo que ocurrió en las últimas temporadas estivales en el sur del país, donde veranos secos y calurosos aumentaron la preocupación por el riesgo de estrés por calor en el ganado bovino de leche.

Y el invierno no representa menos problemas. De hecho, los temporales con lluvias, fríos y fuertes vientos, frecuentes en el sur especialmente en estos meses, son también un desafío para los ganaderos.

Rodrigo Arias, director de la Escuela de Graduados de la Facultad de Ciencias Agrarias y académico del Instituto de Producción animal de la Universidad Austral de Chile, insiste en que si bien el tema muchas veces pasa desapercibido, es importante prestar atención para tomar medidas que permitan mitigar el impacto negativo que tiene el clima invernal en los animales y en su productividad.

De acuerdo con el experto, el productor debe tener claro que los bovinos, al igual que muchos otros animales, requieren mantener su temperatura corporal dentro de un cierto límite para evitar la disminución del metabolismo y un aumento de los requerimientos de energía de mantención.

"Cinco son las variables meteorológicas que determinan mayormente el ambiente térmico y el confort de un animal: la temperatura ambiental, la radiación solar, la velocidad del viento, las precipitaciones y la humedad relativa", plantea Arias. Y explica que, por ejemplo mientras la lluvia moja a los animales, la presencia de viento favorece la rápida pérdida de calor.

Agrega que "el barro también tiene un marcado rol en el balance térmico del ganado, ya que si el animal no tiene un lugar seco donde echarse, terminará con el barro adherido a su pelaje. En esa situación se repetirá lo que ocurre con la lluvia; es decir, el animal seca ese barro con su calor corporal, destinando parte de la energía consumida en la dieta para este propósito. Lo anterior resulta en menos energía para procesos de producción (leche o carne) y se refleja en menores temperaturas corporales".

Uno de los problemas es que en Chile el barro perdura un período más largo que en otros países, como Estados Unidos, lo que impone mayor estrés a los animales y mayores desafíos a los productores. De ahí, dice el experto, la importancia de tomar medidas.

Un buen aclimatamiento previo

A partir de lo anterior es que el experto recomienda tomar algunas medidas para intentar prevenir o mitigar el impacto.

Cabe señalar que durante el invierno los animales aumentan su consumo de alimento, ya que necesitan generar más calor para tratar de mantener su temperatura corporal en el rango antes indicado. Sin embargo, si bien comen más, no producen más como se podría esperar.

Por ello, resulta clave que tengan un buen aclimatamiento a las bajas temperaturas, lo que implica el desarrollo de pelaje más largo y grueso.

Por otro lado, si existe suficiente alimento se producirá un mayor depósito de grasa corporal subcutánea, lo que permitirá a los animales mejorar su aislación.

Ambas estrategias contribuyen a mejorar el aislamiento contra el frío. Sin embargo, cuando al frío se le suma la lluvia y el viento, el animal perderá calor y entrará en desbalance térmico.

Arias plantea que entre las medidas que se pueden adoptar está el proveer a los animales un lugar seco (o con mínimo barro) en el que pueda echarse; contar con cortinas cortavientos (naturales o artificiales), considerando que el viento es un factor de gran relevancia.

"Cabe señalar que si los cortavientos son permanentes (fijos), podrían ser negativos durante el período de verano, donde lo que se busca es justamente refrescar a los animales", plantea.

Otra alternativa es la modificación de la ración para mejorar el balance térmico de los animales.

"Nuestros estudios indican que la temperatura de los animales se encuentra en estrecha relación con la cantidad de energía metabolizable consumida", dice Arias.

Finalmente, si las condiciones son completamente adversas y la geografía de la zona implica que los inviernos sean lluviosos y ventosos, se debe evaluar la factibilidad de construir una infraestructura de carácter permanente en la cual los animales pasen el invierno.

Fuente:  http://www.elmercurio.com/campo/