Opinión: Década perdida

La producción de leche en Chile está presentando una recuperación moderada en 2017 después de dos años de sequías intensas en el 2015 y 2016. Precipitaciones normales desde la primavera de 2016 y condiciones ideales en el otoño de 2017 generaron condiciones favorables para la producción de forrajes en las regiones de Los Ríos y Los Lagos, hoy responsables por el 80% de la producción de leche del país según datos de Odepa para el período de enero a abril de 2017. Las proyecciones de mercado indican que el 2017 podría mostrar crecimiento de 5% en volumen, volviendo al nivel de 2.600 millones de litros de producción total (incluyendo lácteas mayores, menores y consumo en lecherías).

Sin embargo, el nivel de producción estimado para 2017 es prácticamente el mismo de 2008, cuando fueron producidos 2.600 millones de litros de leche. Así, puede decirse que la producción chilena de leche no ha crecido en la última década y parece tener un techo próximo a los 2.700 millones de litros dadas las condiciones actuales de mercado.

Hay varios motivos que ayudan a explicar el estancamiento del sector primario lechero. En primer lugar, la demanda por materia prima no avanza. La capacidad total de la industria no crece a pesar de que se han realizado inversiones puntuales en algunas plantas nuevas y se han substituido líneas de producción en otras. La industria como un todo no ha dado señales claras de crecimiento significativo en los volúmenes totales procesados, lo cual impacta también los planes de inversión del sector primario.

El estancamiento de la capacidad industrial puede explicarse por dos motivos principales: la industria no necesita invertir en expansión de la capacidad porque el consumo de lácteos en Chile está en los mismos niveles desde 2012, y el déficit comercial lácteo ha venido aumentando, de manera que las importaciones están substituyendo parte de la leche nacional en el consumo, en cuanto que las exportaciones totales no han crecido en los últimos años.

Consumo doméstico estancado

El consumo de leche y derivados avanzó considerablemente en Chile desde 2004 hasta 2012, aumentando de 126 litros per cápita hasta 146 litros equivalente en 2012. Sin embargo, el mercado interno perdió dinamismo en los últimos cinco años y cerró el 2016 casi en el mismo nivel de consumo por habitante de 2012.

La desaceleración económica que el país ha vivido desde 2012 ha impactado el crecimiento de la masa salarial total (suma de todos los salarios), lo que ayuda en parte a explicar el por qué el consumo de lácteos ha perdido dinamismo en los últimos años. La correlación entre el índice de consumo de lácteos y el índice de masa salarial para los años 2005 a 2015 en Chile, refleja una correlación del 84%, lo que deja en evidencia que una desaceleración considerable en el crecimiento de la masa salarial puede haber impactado directamente el dinamismo en el consumo de la leche y sus derivados. Es claro que en los últimos 5 años (estimaciones para 2016 y 2017), el aumento de la masa salarial en Chile ha sido considerablemente menor al percibido en años anteriores, impactando negativamente el potencial de crecimiento del consumo de los lácteos.

Además del crecimiento menor de la masa salarial, otros factores sociales y comportamentales pueden estar influenciando el consumo de leche fluida y derivados en Chile. Es evidente que las generaciones más jóvenes tienen comportamientos diferentes a los de sus padres por muchos factores, incluyendo mayor acceso a la información, interacción en redes sociales y estilos de vida diferentes. En general, tienen una mayor disposición a consumir otras bebidas industrializadas incluyendo bebidas energéticas, jugos funcionales, agua mineral, y té entre otros.

La generación “Y” o millenials, es decir las personas nacidas entre 1980 y 2000, representan el 33,6% de la población de Chile, sin embargo, ya representan el 48% de toda la población en edad de trabajar (hombres entre los 18 y los 65 años y mujeres entre los 18 y los 60 años de edad). La generación “Y” por lo tanto, es la gran tomadora de decisión a la hora de comprar productos de consumo y los lácteos dependen en gran parte de la forma como los llamados millennials se comportan.

El consumo de otras bebidas aumenta

El consumo per cápita de bebidas industrializadas en Chile aumentó de 140 litros en 2005 a 199 litros en 2017. Un aumento bastante considerable de 42% en el cual otras categorías han disputado activamente el espacio que tenía la leche como segunda bebida más consumida en Chile en 2005.

Aunque las bebidas carbonatadas (colas y otras) siguen siendo dominantes (110 litros en 2016 comparado con 100 litros en 2006), el crecimiento ha venido principalmente del aumento en el consumo de agua mineral, jugos y bebidas energéticas y deportivas. En 2005, la leche fluida era efectivamente la segunda bebida más consumida en Chile en litros per cápita, mientras que en 2017 (estimativas Euromonitor) el consumo de agua mineral (31 litros) la supera y los jugos están muy cerca de alcanzar a la leche con 26 litros consumidos por habitante.

Sin embargo, también es cierto que el consumo de lácteos ha cambiado en Chile en la última década, con un crecimiento importante del consumo de queso y yogur. Esto demuestra una sofisticación del consumo de lácteos a categorías con un valor agregado mayor a la leche fluida y representa oportunidades de mercado para la industria.

Déficit comercial en alza

El mercado lácteo chileno es el más abierto al comercio internacional en la región, con tratados de libre comercio activos con todos los principales exportadores de lácteos del mundo: Australia, Estados Unidos, Mercosur, Nueva Zelandia (Pacífico P4) y Unión Europea. También cuenta con acceso a algunos de los mayores importadores de leche del mundo como China y México, pero no cuenta con acceso preferencial en lácteos a los países árabes, Rusia y a algunos países asiáticos que son grandes importadores de leche y derivados como Indonesia y Vietnam.

A partir de 2012, Chile se ha convertido en importador neto de leche y derivados en litros equivalentes. En los últimos cinco años, las importaciones de lácteos han venido en aumento pasando de 229 millones de litros equivalentes en 2011 a 540 millones de litros en 2016. Mientras, las exportaciones prácticamente no han crecido, manteniendo un nivel cercano a los 250 millones de litros equivalentes en los últimos cinco años. Como resultado, la balanza comercial chilena de lácteos se ha deteriorado y cerró el 2016 con un déficit de 278 millones de litros, equivalente al 14% de su producción industrial.

El crecimiento del déficit lácteo en Chile ha generado un impacto negativo sobre la demanda por materia prima nacional, en la medida que la industrialización de leche no ha crecido en los últimos años y el consumo total tampoco, pero las importaciones sí lo han hecho. Así, la participación de la leche industrializada en Chile ha perdido espacio en el mercado doméstico, considerando la proporción que representa la leche industrializada en Chile dentro del total de leche consumida (producción nacional más importaciones menos exportaciones). En 2007, la producción industrial nacional equivalía al 111% del consumo interno, en cuanto que en el 2016 la producción industrial nacional equivalía al 88% de la leche consumida en Chile.

Acuerdos comerciales desfavorables

Es importante resaltar que la situación de déficit comercial de Chile en los lácteos ya entra a su sexto año consecutivo y actualmente muestra señales de aceleración, con un aumento pronunciado de las importaciones en los primeros cuatro meses de 2017. Aunque los precios internacionales bajos favorecieron un escenario de aumento de importaciones en 2015 y 2016, años en los cuales la leche importada fue más barata que la leche nacional, es claro que el aumento del déficit comercial es estructural y no obedece apenas a oportunidades puntuales comerciales de aumento de importaciones.

El mercado chileno está abierto a la entrada de importaciones de todos los principales exportadores lácteos del mundo que cuentan, en muchos casos, con subsidios a su producción y con escalas industriales y productivas bastante desiguales a la realidad chilena. De tal forma, una caída en la producción nacional puede ser inmediatamente compensada por aumento en las importaciones, como fue visto en los años de 2015 y 2016, cuando el precio al productor se comportó de manera atípica con caídas a pesar de haber menor disponibilidad de materia prima nacional e importaciones al alza.

Por otro lado, las exportaciones chilenas no han logrado crecer en los últimos cinco años. Chile cuenta con acceso comercial a algunos de los grandes importadores, sin embargo, su oferta exportable no es tan competitiva y tiene dificultades para crecer. El sector debe hacer un mayor esfuerzo para crecer en mercados como China, Asia y los países árabes.

Sin embargo, es claro que a nivel de leche en polvo (principal producto comercializado en el mercado internacional), la competitividad de Chile es menor a la de los grandes exportadores (Nueva Zelanda, Unión Europea, Estados Unidos) debido a una menor escala industrial.

En varios casos su ubicación geográfica con relación a los mercados consumidores es menos favorable que la de otros exportadores, como por ejemplo Nueva Zelanda y China o la Unión Europea y los países árabes.

Así, resulta razonable aumentar los esfuerzos para posicionar a la leche chilena en nichos de mercado y con productos de mayor valor agregado, que remuneren de manera adecuada a la cadena láctea y que exalten el valor intrínseco que puede tener la leche producida en pradera.

Impactos del estancamiento de la demanda

La combinación de consumo doméstico estancado y aumento constante del déficit comercial lácteo han tenido un efecto negativo sobre la demanda por leche nacional como materia prima para industrialización. La industria actualmente no tiene grandes motivaciones para realizar aumentos expresivos en capacidad, dado que el consumo local no crece y a través de las importaciones puede suplir parte de la materia prima que falta en épocas de menor producción como la sequía de 2015 y 2016. Así, las inversiones recientes han estado más enfocadas en substitución de líneas antiguas o en algunas expansiones puntuales.

La industria se encuentra en una relativa zona de confort en Chile con márgenes relativamente estables que no demandan nuevas inversiones de gran tamaño. La mejor evidencia del estancamiento de la industria está en el crecimiento de la cooperativa Colun en la participación de la leche industrializada en la última década, periodo en el cual la producción nacional de leche no creció. Colun aumentó su capacidad industrial del 20% a casi el 30% de la leche industrializada en el país en poco más de 10 años. Sin embargo, su crecimiento se ha dado principalmente con el avance de sus productores existentes, ya que la base de productores ha aumentado relativamente poco en años recientes. Así, la demanda total por materia prima no ha crecido a pesar de los avances de Colun. Mayor rentabilidad, transferencia de conocimiento y asistencia técnica, son los factores principales que han llevado a los productores de Colun a crecer expresivamente en los últimos años.

Pasividad de industria

Rabobank realizó un trabajo de campo entrevistando a varios actores del retail y la distribución de lácteos en Chile para entender los motivos por el bajo dinamismo del consumo de lácteos y derivados en la actualidad. Los supermercados comentaron que las inversiones de la industria en promociones y actividades de trade marketing en el punto de venta son bajas. También expresaron que hay elevados niveles de quiebres de stock por problemas de producción de las plantas.

Los supermercados parecen estar más abiertos a recibir importaciones directamente, y un nivel de servicio bajo por parte de la industria y problemas de stock y calidad podrían acelerar aún más las importaciones directas de los supermercados, agravando el déficit comercial. Parece claro que debe haber un mayor esfuerzo coordinado de la cadena para poder revigorizar el consumo total de lácteos en Chile. Es probable que la falta de espacios refrigerados en los puntos de venta sea una limitante para poder llevar más derivados lácteos de calidad al consumidor final.

Ambiente desafiante para los productores

El impacto de la sequía reciente fue extremo para los productores por la intensidad y la duración del fenómeno. Es importante considerar oportunidades para aumentar el número de campos con riego en la región dado que actualmente se estima que menos del 10% de los campos productores de leche en Los Lagos y Los Ríos cuentan con sistemas de riego. Además de ofrecer un seguro contra las sequías, ha sido demostrado en varios estudios que la productividad puede aumentar en alrededor del 20% por hectárea (en litros) en una temporada, lo que viabilizaría las inversiones necesarias.

Como actividad intensiva en mano de obra, la lechería es altamente dependiente de recursos humanos y, especialmente, de personas calificadas para realizar la actividad. Producir leche es un proceso complejo que requiere de mucho tiempo y aprendizaje para formar funcionarios que sean eficientes y que permitan generar los resultados deseados, haciendo difícil el reemplazo de personas una vez que dejan la actividad.

Es claro que falta mano de obra calificada en las regiones de Los Ríos y Los Lagos como lo expresan muchos productores, y esta carencia se ha vuelto una gran limitante para crecer la producción nacional. Según datos históricos y proyecciones del INE, la población masculina rural en edad de trabajar (en las regiones de Los Ríos y Los Lagos) comienza a caer en los próximos años, lo que debe agudizar aún más la falta de mano de obra calificada para la actividad. Las mujeres también son parte fundamental de la mano de obra en la actividad pero los hombres por ser amplia mayoría en las lecherías tienen un impacto mayor.

El costo de la mano de obra ha aumentado y, cada vez más, las lecherías deben pagar mejores sueldos para tratar de retener funcionarios. En parte esto acontece por la continua migración del campo a la ciudad, y porque las exigencias de la actividad lechera traen una rutina difícil que es menos atractiva para trabajadores jóvenes. Puede verse cómo en términos reales el precio al productor ha aumentado menos que los salarios mínimos.

Menos productores

La actividad lechera es cada vez más exigente en términos de eficiencia y productividad, no solo en Chile sino en el mundo. El aumento en el costo de la tierra, salarios, tecnología, riego, insumos, genética entre otros continúa aumentando en cuanto que el precio al productor avanza poco en términos reales.

Esto hace que el módulo (tamaño productivo) mínimo para ser rentable aumente constantemente. Si hace veinte años un productor de leche lograba una remuneración atractiva con 50 vacas, hace diez años probablemente necesitaba 100 y en la actualidad este número se aproxima a las 250 en el sur de Chile. En países más desarrollados, cada vez más los dueños de las lecherías necesitan aportar su mano de obra a la actividad para poder obtener una remuneración adecuada de la actividad, y en Chile es evidente que deben participar del día a día de la producción.

El número estimado de productores de leche ha caído fuertemente en Chile en los últimos años. En parte, este fenómeno se debe a que la actividad lechera se ha venido desplazando a Los Ríos y Los Lagos por el alto costo de oportunidad de la tierra frente a otros cultivos en regiones más al norte como la Región Metropolitana, El Maule, El Biobio y la Araucanía, considerando que en Los Ríos y Los Lagos hay mayor disponibilidad de tierras para producción en praderas y opciones limitadas de cultivos alternativos.

Sin embargo, el motivo principal para la disminución del número de productores son los costos de producción y la baja rentabilidad para módulos productivos pequeños y medianos. Estimaciones del Consorcio Lechero indican que el número de productores cayó de 17.000 en 1997 a menos de 5.000 en 2015. En muchos otros países viene aconteciendo un fenómeno similar, sin embargo, la concentración de la producción en Chile es notable. Rabobank estima que los cien mayores productores son responsables en la actualidad por producir el 50% de la leche. En comparación, en Brasil los cien mayores productores de leche concentran el 6% de la producción nacional.

Volatilidad del precio

Los datos de precios de la leche al productor y de los precios de los productos lácteos en los supermercados (de los últimos cinco años), reflejan que el productor enfrenta una mayor volatilidad en el precio comparado con lo que enfrentan los consumidores en los puntos de venta. Es interesante entender el porqué de este fenómeno, ya que el principal insumo de la industria es efectivamente la leche cruda y algunos productos como la leche fluida entera, tienen como principal componente de costo a la leche cruda.

Bajo esa lógica, la volatilidad del precio al productor debería ser similar a la volatilidad a la leche entera, sin embargo hay grandes diferencias. Las desviaciones estándar del precio al productor para el período 2013-2017 (marzo) fue de 9,8 comparado con la desviación estándar de la leche entera (UHT) de 3,9 y la del queso gouda de 5,9 para el mismo periodo, reflejando una mayor volatilidad para el productor.

La eficiencia y crecimiento de escala por medio de asociación con otros productores (cooperativismo) parece ser un camino necesario para los productores que buscan continuar en la actividad. Sin embargo, la integración vertical de los productores con las otras partes de la cadena productiva de los lácteos puede ser otra alternativa importante y debe ser explorada para los productores que quieren obtener mejores márgenes y viabilidad de largo plazo de sus negocios.

Escrita por: Andrés Padilla, Senior Economic Analust Rabobank.

Fuente: http://www.mundoagro.cl/columnas/decada-perdida/