Recomendaciones para aumentar la eficiencia en las aplicaciones de urea en praderas

En momentos en que las rentabilidades se estrechan, una de las mejores opciones que tienen los productores es ser más eficientes en sus procesos productivos. En ese contexto, mejorar la eficiencia durante la fertilización aparece como prioritario, especialmente cuando se trata de fertilizantes nitrogenados, los cuales representan una parte importante de las aplicaciones en las praderas de sistemas ganaderos intensivos, particularmente en lecherías de alta producción.

En Inglaterra, por ejemplo, se suele aplicar una dosis de nitrógeno luego de cada pastoreo, práctica que en la actualidad se encuentra en discusión, debido a que se presume que en el mediano plazo puede causar la contaminación de las napas de aguas subterráneas. Y es que se estima que una parte importante del fertilizante aplicado no alcanza a ser utilizado por las plantas y se lixivia hacia las profundidades del suelo.

Así, al aumentar la eficiencia de utilización de los fertilizantes no sólo disminuirá la contaminación al medio ambiente, sino que también disminuirán los costos del productor.

Con ese objetivo en la mira, investigadores de la Massey University de Nueva Zelandia realizaron tres diferentes evaluaciones sobre praderas permanentes, con el fin de comparar la eficiencia de varios fertilizantes nitrogenados. Luego de las aplicaciones de nitrógeno en diferentes formatos, textura y composición, cada predio fue cosechado dos veces para determinar la materia seca contenida y la respuesta de la pradera al nitrógeno y la eficiencia de la aplicación.

Los ojos sobre la urea

De los fertilizantes estudiados, el resultado más llamativo fue el relacionado con la urea, el cual aparece —dentro de la gama de los nitrogenados— como el más utilizado en Chile. El problema, dicen los expertos, es que a menudo algunos agricultores abusan de su uso, con el fin de acelerar la obtención de los resultados.

En praderas de la zona sur para lechería, por ejemplo, sólo se puede aplicar en cobertera, es decir, sobre la superficie de la pradera. Es aquí donde surge el inconveniente, si se considera que la urea es un fertilizante soluble en agua y relativamente volátil al transformarse, parte de él, en amonio gaseoso, cuando el suelo en su superficie sobrepasa los 25º C de temperatura. Así, en la práctica, se pierde por volatilización o lixiviación.

“En el sur, las pérdidas más frecuentes e importantes son por lixiviación de la urea, disuelta por la lluvia cuando no alcanza a ser absorbida por las plantas en un periodo muy corto de tiempo”, dice Daniel Claro, Ing. Agrónomo, productor de ovinos y especialista en sistemas ganaderos intensivos de producción de carne.

En Chile se utilizan, a menudo, dos formatos de urea: el perlado y el granulado, los que difieren en el tamaño de la partícula. Así, la urea granulada se ha transformado en la más utilizada por los agricultores, debido a su mayor tamaño y, por ende, facilidad de aplicación.

Resultados claros

Los estudios de la Massey University comprobaron que al aplicar 60 kilos de urea por hectárea, de forma granulada, sólo se distribuyeron en promedio 45 gránulos de urea por cada metro cuadrado de superficie. Mientras que en la aplicación de urea perlada se distribuyeron 450 partículas por metro cuadrado.

“En palabras simples, en una pradera de, por ejemplo, ballica con trébol blanco, existen aproximadamente 450 plantas forrajeras por metro cuadrado, por lo que al aplicar urea de forma granulada, con 45 partículas por metro cuadrado, no todas las plantas obtendrán la misma cantidad de fertilizante. Unas pocas recibirán una sobre dosis, que al no ser absorbidas en un periodo breve de tiempo, terminará generando que el fertilizante sufra de lixiviación, la cual es sinónimo de baja eficiencia en los resultados”, explica Daniel Claro.

Con el formato de la urea perlada, en cambio, en la que se cuenta con más de 450 partículas por metro cuadrado, con la misma dosis anterior, existe una mayor cobertura de la superficie del suelo, lo que permite asegurar que la mayor parte de las plantas tendrá acceso al fertilizante y que se disminuirán las pérdidas por lixiviación.

“Es un concepto físico químico muy simple el que explica esta gran diferencia, yo lo comprobé en mis praderas puedo asegurar que la diferencia es gigante”, agrega Daniel Claro.

El concepto físico químico al que hace referencia el especialista, es a la superficie de contacto. Y es que mientras menor sea el tamaño de las partículas, mayor será la superficie de contacto, por lo que las posibilidades de que las plantas puedan absorberlas en un corto periodo de tiempo, serán más altas.

Esta situación es particularmente importante cuando la urea perlada se disuelve con la humedad del suelo o con el rocío sobre el pasto, debido a que —con la ayuda del agua— se distribuye de mejor manera el fertilizante disuelto.

“Si a esto le sumamos que la urea perlada tiene un menor costo que la granulada, está más que claro hacia dónde debemos apuntar con las aplicaciones en las praderas del sur, que están sujetas a frecuentes y abundantes lluvias, que aumentan la probabilidad de lixiviación de los fertilizantes no absorbidos”, señala Daniel Claro.

Para el especialista una partícula menor no sólo permite utilizar el nitrógeno de forma mucho más eficiente, por el menor tiempo que requiere para su total absorción, sino que también permite realizar aplicaciones en dosis reducidas que para lograr los resultados que se buscan, con lo que además se contaminará menos y se ahorrará más dinero.

Un aspecto a considerar

Entre las desventajas que se aprecian en la aplicación de la urea perlada, los expertos destacan la que se relaciona con su característica de ser una partícula más pequeña y liviana, lo que en la práctica puede generar ciertos problemas. Así, hay quienes indican que cuando es aplicada al voleo, su distancia de dispersión es menor.

“En palabras simples, esto quiere decir que el ancho aplicado en cada pasada del trompo abonador es menor, por lo que su aplicación requerirá de más tiempo por hectárea”, concluye Claro.

Fuente: http://www.elmercurio.com/Campo