Argentina pasó del segundo al quinto lugar como proveedor de quesos de Chile

En los últimos dos años las importaciones de quesos realizadas por Chile se incrementaron de manera significativa al pasar de 28.169 toneladas en 2015 a 34.041 y 44.439 toneladas en 2016 y 2017 respectivamente, según datos oficiales (Odepa). Pero la participación argentina en ese negocio, que en 2015 fue del 21.3%, cayó a 20.4% en 2016 para licuarse a un 12.6% en 2017. Un proceso similar registró Uruguay.

Holanda y Alemania, que hasta 2015 eran operadores marginales en el mercado chileno, en 2017 acapararon 19.4% y 17.3% del mismo respectivamente, mientras que EE.UU. y Nueva Zelanda se quedaron con el 20.2% y 15.4% de ese negocio

La buena performance de las ventas de leche en polvo lograda por EE.UU., se explica porque esa nación tiene un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Chile (lo que les permite exportar el producto sin restricciones arancelarias ni para-arancelarias), mientras que, en el caso de Nueva Zelanda, además de contar con un esquema de integración comercial en el marco del Acuerdo Traspacífico de Asociación Económica Estratégica (P4), tiene en su territorio a una filial (Soprole) de la corporación láctea neocelandesa Fonterra.

Los últimos datos oficiales publicados por la Unión Europea muestran que en apenas dos años las exportaciones europeas de quesos con destino a Chile casi se quintuplicaron hasta llevar a la nación sudamericana al noveno puesto del ranking de clientes a nivel global.

Mientras que en enero-noviembre de 2015 las compras chilenas de quesos europeos eran de apenas 3722 toneladas, en el mismo período de 2016 y 2017 fueron de 8871 y 18.144 toneladas respectivamente

Luego de que Rusia aplicara un bloqueo a los productos lácteos europeos en agosto de 2014, las autoridades de la UE implementaron programas de ayuda orientados a evitar que una sobreoferta de manteca, leche en polvo y quesos derrumbara a niveles críticos el precio de la leche que recibían los tamberos comunitarios.

Entre los programas se incluía uno destinado a subsidiar a empresas elaboradoras de quesos que optaran por almacenar tales productos, el cual, luego de implementarse durante 2015, comenzó a ser desactivado de manera progresiva en 2016 para finalmente ser dado de baja en 2017. Eso impulsó colocaciones agresivas del producto en aquellas naciones con economías abiertas.

La pérdida de competitividad láctea de Argentina y Uruguay no se limita sólo a los quesos –un producto con alto valor agregado– sino también a un commodity como la leche en polvo, el cual Chile importó en un total de 27.043 toneladas en 2017 versus 18.166 y 16.575 toneladas en 2016 y 2015.

La participación argentina en ese negocio, que en 2015 fue de apenas de 5.8% del total, se recuperó en 2016 para alcanzar el 26.4, para luego a caer a 15.5% en 2017. Uruguay –en ese mismo período– pasó de 21.1% a 6.8% y 3.9%. Ese negocio, considerando datos del año 2017, fue acaparado por EE.UU. (45.6%) y Nueva Zelanda (24.1%).

Lo que sucede en el mercado chileno es un ejemplo de cómo la integración comercial mejora el acceso a mercados de naciones localizadas a grandes distancias, mientras que, sin un esquema de integración comercial, las ventajas de proximidad se licúan de manera significativa.

Fuente: http://www.esperanzadiaxdia.com.ar/