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México: Radiografía a la industria lechera

Históricamente uno de los sectores agropecuarios más complejos ha sido el de la producción de leche de bovino. Como en otras cadenas del sector, se da una combinación entre productores 'modernos' y 'tradicionales'.

Los primeros operan con tecnología de punta y acceso a desarrollo genético para elevar la producción, condiciones sanitarias a niveles internacionales, elevadas inversiones, economías de escala, agresivas estrategias comerciales y presencia en todo el país; ese es el caso de Grupo Lala —origen de una de las grandes fortunas empresariales de México— y Alpura, que integran a múltiples productores medianos y grandes en el norte. Ese segmento convive con miles de pequeños productores (de acuerdo con Femeleche, aproximadamente 92 por ciento de los establos del país cuenta con menos de 100 vacas) que operan prácticamente sin tecnología, en muchos casos todavía con ordeña manual y escasas instalaciones para refrigerado, lo que afecta la calidad y condiciones sanitarias de los productos; inexistencia de canales de comercialización, que implica que tengan que vender su producto de manera casi inmediata y en mercados locales; y nulo acceso a financiamiento.

Desde hace décadas las políticas públicas y los programas gubernamentales de ‘apoyo’ al sector lechero han sido ineficaces y han significado un gran desperdicio de recursos, empezando por la participación de Liconsa que se ha traducido en un factor de distorsión del mercado de la leche, al adquirir leche de pequeños productores —cuando le conviene a precios inferiores a los de mercado—, industrializarla y distribuirla a precio subsidiado “en apoyo a la nutrición de millones de mexicanos, especialmente de niños”.

A ese de por sí complejo entorno, ahora se sumarán los efectos de los acuerdos comerciales recién suscritos por México: el transpacífico (CPTPP o TPP-11) y el europeo (TLCUEM). Aunque Estados Unidos sigue siendo el mayor proveedor de México en lácteos, sobre todo de leche en polvo, ahora se negociaron nuevos cupos para las importaciones de esas regiones. En el CPTPP una cuota inicial de 20 mil toneladas de leche que aumentará a 40 mil en diez años y con Europa una de 50 mil toneladas en cinco años. En 2017 se importaron 327 mil toneladas de leche en polvo, lo que representó 57 por ciento del consumo total. Si bien ello permitirá diversificar las importaciones, también significará una mayor competencia para la producción nacional (México es el segundo importador mundial de leche en polvo y el sexto de todo tipo de leches).

Será difícil competir cuando las diferencias en productividad son abismales: México produce 1.9 toneladas de leche por cabeza, en comparación con 10.5 en EU, 6.5 en la Unión Europea, 5.6 en Australia y 4.3 en Nueva Zelanda. A ello se sumarán las nuevas concesiones en los tratados a las importaciones de quesos. En el caso de Europa se estableció una cuota de hasta 20 mil toneladas en cinco años para esos productos, lo que representaría cerca de 15 por ciento de las compras al exterior en 2017.

A pesar de que para otros sectores el gobierno ofreció esquemas complementarios (como ‘cartas paralelas’ para prácticas desleales de comercio en textil, vestido y calzado, aunque aparentemente no se han materializado) o programas especiales internos (para algunos productos agrícolas) u obtuvo ciertas concesiones en las negociaciones (limitar las denominadas indicaciones geográficas europeas y el uso libre de nombres para algunos quesos como el manchego), no hubo nada para el sector productor de leche.

Lo anterior sólo ratifica la tendencia de los últimos años: la ausencia de una estrategia integral para incrementar la competitividad, reordenar los eslabones productivos e impulsar el desarrollo del sector. En ello no sólo incide la incompetencia gubernamental, a fin de cuentas responsable del diseño de las políticas públicas, sino también la desorganización de los productores y la carencia de propuestas y consensos para lograrlo.

Autor: Mariano Ruiz Funes

Fuente: http://www.elfinanciero.com.mx

 

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