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Argentina: La lechería, afectada por la falta de financiamiento y los impuestos

Menos presión tributaria y créditos a tasas racionales para capital de trabajo. Esas son las principales necesidades del sector lechero para poder sortear el complejo momento post-devaluación según Ángel Barrenechea, extitular del INTA Villa María, productor e industrial lácteo.

Entrevistado por Puntal Villa María subrayó la falta de acompañamiento del Estado nacional al sector, que afronta el actual desfasaje entre precios y costos con tasas de interés que superan largamente el 40 por ciento anual. Estimó que el cierre de tambos registrados en todo el país –que el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) calculó en 4 por ciento- no impacta tanto en la cuenca villamariense porque en promedio los establecimientos alcanzan mayor nivel de producción.

“Estamos viendo la misma película, con los mismos actores pero con directores y guionistas distintos. Y lamentablemente cada versión es más triste, nos hace llorar un poco más. La devaluación en el campo tiene un impacto diferente según los sectores, pero es absolutamente predecible lo que va a ocurrir en los próximos meses. La producción de granos, como cotiza en dólares, automáticamente al día siguiente sube su precio. El grueso va a exportación, salvo algunos granos forrajeros que quedan para ser transformados en leche o carne. Pero con lo que nos interesa particularmente en la región, que es la leche, no ocurre lo mismo ya que la mayor parte se destina a consumo interno. Hasta que no se acomoden las variables se vive un proceso de turbulencias muy complejo tanto para la producción primaria como para la industria. Ese proceso lleva por lo menos seis meses”, comenzó diciendo Barrenechea.

-El tema es lo que pasa mientras tanto.

Seguro. Y hay un rol muy importante que juegan quienes administran el Estado. Hemos visto a lo largo de los años distintas formas de tratar de palear esto. Lo que se observa ahora es que no hay ninguna forma; existe una ausencia total de medidas para tratar de subsanar el problema y equilibrar las asimetrías tecnológicas. Se mira hacia otro lado cuando todo se está descalabrando. Esto es lo que ocurre hoy. Estamos por debajo del nivel de producción del año 1998, 20 años atrás, con el crecimiento que hubo de población. Además hay perspectivas para exportar por el precio internacional, y en buena hora que así sea, pero nos vamos a quedar sin tomar leche. Hay más población y sin poder adquisitivo. El tema es muy serio y preocupante, pero no es algo nuevo. En Argentina no se le da ninguna importancia a la creación de mecanismos anticíclicos, sobre todo en sectores muy críticos como la lechería.

-¿Qué pasa con la industria?

Está en un problema similar. Encima se dan las asimetrías sin ninguna política tendiente a consensuar medidas y definir qué se quiere hacer. Con una devaluación tan importante pasa a ser distinto el negocio de la exportación de leche en polvo. La pregunta es qué hacemos con todas las pymes que elaboran otros productos, como quesos, que van a consumo interno. Tiene razón el productor cuando plantea que una empresa puede pagar tanto y otra no. Pero para quien opera en el mercado interno es imposible equipararse con la exportación. Y además las industrias cuentan con distinto nivel tecnológico, de automatización, de litros producidos por operario, y demás. Hay mercados distintos y ningún acuerdo para que se pueda producir y exportar más.

– La histórica dificultad para consensuar posiciones.

Si y de esa forma es muy simple; se van los productores más chicos y después seguirá el mediano. Hay una ausencia total de ideas, de propuestas. Cambian los gobiernos y las personas que dirigen las entidades, pero no se ve una evolución. Es lamentable. Hay 17 entidades de productores primarios, con intereses distintos y para el que está del otro lado es imposible también. Para la industria no es sencillo, sobre todo para las pymes que colocan su producción en el país.

-¿Cuáles cree que son las necesidades prioritarias del sector en la actualidad?

Desde hace un tiempo no existe capital de trabajo. Hablando en primera persona, en nuestra pyme hicimos un proyecto de inversión hace más de dos años para incorporar y renovar tecnología y nos agarró esto en el medio del río. Ahora no hay ni fondos para capital de trabajo. Los bancos restringieron todo. Y lo poco que está disponible tiene tasas inviables; son un salvavidas de plomo. En segundo lugar está la gran asfixia impositiva que sufren las empresas y la presión que hay desde municipios, provincia y nación, con impuestos en muchos casos superpuestos.

-Ambos problemas sin soluciones aparentes en el corto plazo.

No sé cuál será la salida, pero en algún momento alguien tiene que poner algo de racionalidad porque es inviable en el corto plazo. Nadie va a invertir un peso con estas perspectivas. No pedimos subsidios ni regalos sino créditos para capital de trabajo, para poder operar porque el grado de encierro es muy grande.

– El OCLA sostuvo que en un año cerraron el 4 por ciento de los tambos: ¿Lo ve en la zona?

No tengo el dato exacto pero en función a lo que veo tal vez nosotros, junto con la cuenca oeste de Buenos Aires, quizás, seamos las dos regiones con menos porcentaje de desaparición de tambos. El promedio de volumen de producción por tambo en esta zona es más alto que en otras, como la central santafesina o del departamento San Justo; allí hay establecimientos más vulnerables. Lo mismo pasa en Entre Ríos y otras regiones. Estamos un poco mejor, pero igualmente desaparecen. Las vacas no van al frigorífico, sino que se concentra más el sistema.

-¿Cómo impacta la situación en la cotidianeidad del productor?

Se palpa una desazón muy grande cuando uno habla con la gente, más en un sistema de producción que necesita tiempo, años de procesos, y que no se hace desde un celular en el café como la agricultura. También hay un tema generacional. Muchos tambos van a desaparecer porque los sucesores están cansados de escuchar la misma música desde que eran chicos. Eso pasa. Hay un decrecimiento vegetativo que se da porque mucha gente no quiere saber nada con seguir pasando por lo mismo que las generaciones anteriores. Eso es muy serio. Pero la lechería va a seguir existiendo; tenemos ventajas competitivas enormes y la gran frustración mía, como técnico, es que no las sepamos aprovechar.

Fuente: http://www.puntalvillamaria.com.ar

 

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