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Adelantan nuevo plan de asociatividad agrícola

En Chile hay 297 mil agricultores, de los cuales el 93% corresponde a pequeños productores; es decir, tienen menos de 12 hectáreas de riego básico. La proporción da cuenta de aproximadamente 285 mil agricultores que por lo general tienen dificultades para comercializar sus productos, no tienen el volumen necesario, ni las espaldas financieras para hacer inversiones y no son capaces de generar economías de escala que les permitan disminuir los costos ni mejorar las ventas.

Las cifras son más que elocuentes para Agustín Salinas, asesor del ministro de Agricultura, Antonio Walker, quien por estos días participa en la elaboración de la propuesta que hará el Gobierno para la creación del Plan Nacional de Asociatividad. La vía que consideran más viable para terminar con estos problemas.

Es lo que se ha dado en llamar el cooperativismo moderno, que el ministro Walker ha planteado en todas sus giras por el país, aunque el concepto detrás es mucho más amplio.

El Plan Nacional de Asociatividad, del que Salinas adelanta algunos conceptos, propone que los agricultores y productores se asocien, pero de la manera que ellos estimen conveniente. Puede ser en una sociedad por acciones, una sociedad de responsabilidad limitada, una sociedad anónima o una cooperativa, pero a través de cualquiera de estas opciones pueden combinar fuerzas y ojalá integrarse verticalmente en los negocios.

 

Pocos casos exitosos

A la usanza tradicional hay casos de asociatividad, pero los pocos se mantienen en pie, en general, son algunas cooperativas. "Hoy, en Chile, tenemos 900 cooperativas agrícolas, pero 12 tienen importancia económica. Eso significa que tienen activos por más de 1.400 millones de pesos. Están Colún, Capel, Apicop, Cals y Copeumo, de unas 290 que están activas", dice Agustín Salinas.

No obstante, en muchos países la situación es al revés.

"En el mundo desarrollado, en la agricultura desarrollada, las cooperativas aportan muchísimo. Hay casos en los que representan casi el 20% del PIB. En Chile es menos del 1%. El cooperativismo es una forma de asociarse que está probada en el mundo y que funciona. Cooperativas como la lechera neozelandesa Fonterra, Friesland Campina de Holanda o Conaprole de Uruguay, todas han logrado desarrollarse", plantea Christian Arntz, presidente de la Sociedad Agrícola de Osorno, Sago, y presidente de la cooperativa Campos Australes, nueva empresa de productores lecheros que pretender incursionar en la elaboración de lácteos.

Al respecto, Salinas reafirma: "En otros países que tienen condiciones similares a las nuestras, como Nueva Zelandia, este modelo es muy importante. En Chile, en cambio, han tenido éxito en algunos sectores de la agricultura, como el lácteo (principalmente) y apícola, pero en otros no".

"Si Chile no sigue el modelo cooperativo en los distintos rubros, no logrará nunca cumplir con el eslogan de 'Chile, potencia agroalimentaria'", afirma Christian Arntz, quien asegura que el modelo es bueno para el sector agrícola.

Cambio de énfasis

El Plan Nacional de Asociatividad, cuyo proyecto ha estado en manos de los ministerios de Economía y Agricultura, en el caso de las cooperativas, planteará un cambio en el foco que han tenido hasta ahora.

Hasta ahora tienen un rol más social. Es decir, el socio es lo principal y se busca su beneficio por sobre el de la cooperativa. La experiencia muestra que esto trae beneficios de corto plazo, pero finalmente provoca que la cooperativa se disuelva y quede inactiva.

El plan que está por anunciarse no modificará Ley 19.832, que es la que rige a las cooperativas actualmente y que fue modificada recientemente, en el gobierno de la expresidenta Michelle Bachelet.

El énfasis estará centrado en simplificar los procesos para generar y poner en funcionamiento una cooperativa, y en educar y asesorar en la creación de estas asociaciones, plantean en el Ministerio de Agricultura a días de concluir el informe final con los cambios y propuestas desarrolladas en conjunto también con servicios asociados como Indap, Corfo y Sercotec.

La idea central de la propuesta es dejar claro que las cooperativas son un emprendimiento, "que tiene fines de lucro y aspectos sociales, pero que son algo absolutamente complementario", aclara Eduardo Gárate, jefe de la Dirección de Asociatividad y Economía Social del Ministerio de Economía.

"Vimos que las cooperativas tenían este foco más social, más bien este 'desenfoque', porque se concentran más en los socios, dejando de lado la cooperativa. No proponemos dejar de lado a los socios, proponemos concentrarse en los socios, en los agricultores, pero a través de la cooperativa, no dejándola de lado", aclara Agustín Salinas.

A partir de ahí plantean cuatro pilares fundamentales en los que deberían fundarse las cooperativas: confianza entre los cooperados; relación de fidelidad entre la cooperativa y los socios; el gobierno corporativo, y la gestión, cómo se administra y se lleva el día a día de estas cooperativas.

Educación para cooperar

"Hemos visto que los agricultores, cuando se involucran en la administración de su cooperativa, no resulta bien", plantea Christian Arntz, presidente de Sago.

La nueva propuesta se hace cargo de este problema.

"Los agricultores saben producir y lo hacen muy bien. Indap ha hecho muy bien durante años la pega de enseñar a producir. Pero cuando encontramos que al agricultor se le saca del campo para dirigir una empresa, ahí se empiezan a producir problemas de confianza, de gestión, de gobierno y, por eso mismo, las cooperativas antiguas han tenido dificultades, porque han sido personas no capacitadas que han tenido que administrar y llevar a cabo una empresa", explica Salinas.

Es por esto que se pretende fomentar la educación, de tal manera de enseñar a productores a administrar y llevar a cabo este negocio.

Pero no siempre ocurre así.

"En muchas cooperativas hay socios que cuentan con habilidades y que pueden tomar el mando de la cooperativa, sin perjuicio de que puede existir una figura externa, que es el caso del gerente, que puede tener las competencias que se van complementando con los conocimientos propios de la actividad que desarrollan los miembros de las cooperativas", opina Eduardo Garate.

Para los casos en que los socios necesitan más apoyo, se plantea la educación como punto clave, claro que sus efectos son más de largo plazo.

"Hay que tener en los primeros años un tiempo de formación de empresas. Para eso es clave la gestión que pueda hacer el administrador de la cooperativa. Queremos apoyar a través de estas consultoras y pilotos para que se desarrollen estas capacidades", señala Gárate.

Datos

  • 900 cooperativas agrícolas hay en Chile, pero solo 12 tienen importancia económica.
  • Menos 1% del PIB representan las cooperativas en Chile. En países desarrollados se acercan al 20%.

 

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Fuente: Revista del Campo| El Mercurio

 

 

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