Noticias

IICA: La bioeconomía significa un cambio y una oportunidad”

Fue en Santiago en diciembre del año pasado, cuando los representantes de los ministerios de Agricultura de Chile, México y Perú —luego se sumaría Colombia— acordaron conformar el Consejo Agropecuario de la Alianza del Pacífico (CAAP), un foro que tendría como objetivo favorecer acuerdos de integración e incrementar la coordinación regional para potenciar el desarrollo rural y proyectar a los países como un bloque comercial protagonista hacia el Asia-Pacífico.

Todo comenzó cuando el ministro Antonio Walker le planteó a Manuel Otero, director general del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), organismo integrado por 34 países del hemisferio, que en los últimos 30 años se ha posicionado como una especie de secretaría de los foros de comercio internacional de la región, la idea de crear una entidad con los ministros de Agricultura de la Alianza del Pacífico. La idea fue bien acogida por el representante internacional.

'Me pareció que era una buena oportunidad para generar una nueva instancia de cooperación e integración regional. Creemos que desde los foros de comercio internacional se puede hacer mucho para la integración y la cooperación técnica, temas que son cada vez más transversales. Fue con esa lógica que dije que sí a la propuesta del ministro Walker', señala Otero.

—Chile ya tiene acuerdos comerciales con la mayor parte de los países. ¿Qué gana con ser parte de este nuevo foro?

—Gana que surjan nuevas posibilidades de complementación. Chile, que lo impulsó, será un oferente de cooperación técnica y hay que considerar que detrás de ella viene el comercio. Entonces, esto generará un incremento del comercio entre los países.

Lo importante es que, apenas arranque el foro —lo que debía ocurrir en marzo, pero se atrasó por situaciones de agenda de los ministros— se identificarán temas de naturaleza compartida. Por ejemplo, los cuatro países creen en la apertura; para todos la sanidad es fundamental; también todos reconocen que sin competitividad no se puede avanzar

Una vez definidos los temas, el IICA les da un sentido propositivo para que las cosas funcionen. Los ministros, que siempre tienen agendas complejas, al reunirse definen los temas y prioridades, pero luego viene un trabajo subterráneo, con muchos temas burocráticos, y ahí el IICA dispone de capacidades y tiempos para apoyar en su implementación. Actuamos como puente a nivel de países, interregional y hemisférico, para generar una transferencia y apoyo para el desarrollo que necesita cada país.

La bioeconomía y la economía circular son temas que se están tomando las agendas internacionales. ¿Será parte de los que se impulsen en la región?

—Nos parece que la bioeconomía, que plantea una mayor eficiencia en el uso de los recursos, abre una gran oportunidad. Hay una revolución imparable si es que queremos parar o minimizar el nivel de daño sobre nuestro planeta.

El modelo que se venía trabajando estaba dando señales de agotamiento. Lo único que se pensaba era en producir commodities. No quiere decir que haya que abandonarlo, sino que hay que reconocer que desde los espacios rurales se generan servicios ecosistémicos. Cuando uno repasa la nueva industria farmacéutica, los nuevos insumos, ve que muchas de las cosas vienen desde la biomasa que se genera en los espacios rurales. Llegó la hora de aprovechar todo. Antes era lineal y lo que no se usaba, ahí quedaba. La bioeconomía ofrece una mirada muy diferente a la agricultura y estamos convencidos de que hay que abrazar esta causa.

 —¿Una alternativa para que la producción agroalimentaria y el desarrollo rural adquieran una nueva fuerza en los países?

—Es una gran oportunidad, no solo para que la gente, y sobre todo los jóvenes, mire de una nueva manera al campo, sino para generar un nuevo impulso, por todas las nuevas disciplinas que esto acarrea. La bioeconomía significa un cambio profundo, requiere de nuevas profesiones, nuevas disciplinas, gente muy vinculada a las tecnologías digitales y procesos industriales.

¿Hasta dónde la cooperación que se trabaja a partir de los foros como el CAAP o el CAS ayudará a trabajar el tema del cambio climático en el hemisferio?

—Si bien nuestro continente solamente contribuye con el 8% en relación con el resto del mundo, de eso el 30% corresponde a la agricultura. Sin embargo, estamos teniendo consecuencias muy fuertes y hay países muy vulnerables en Centroamérica, como Honduras y Haití.

Hay una fuerte posibilidad de cooperación. Nuestros institutos de investigación tienen que pensar cómo desarrollar materiales genéticos resistentes a sequía, por ejemplo; cómo utilizar nuevas prácticas. El INIA, en Chile; Embrapa, de Brasil, o el INTA, de Argentina buscan formas de unir esfuerzos para ver cómo se generan bienes públicos regionales para enfrentar las consecuencias del cambio climático. Son tareas hoy impostergables, es fundamental actuar de manera coordinada para que los proyectos supranacionales que surjan con fuerza en el CAS y en el CAAP, podamos llevarlos luego al Caribe.

Fuente: Revista del Campo

 

 

 

© 2002 FEDELECHE F.G.. Todos los derechos reservados. Implementa innovate.cl