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Grob y la industria: “La relación es de franca competencia”

Hombre poco dado a las entrevistas, Augusto Grob tenía la excusa perfecta. Como presidente de la Cooperativa Lechera de La Unión por más de una década y media, prefería no comprometer a la firma con sus opiniones. A fines de abril, sin embargo, se terminó su ciclo al mando de la principal empresa láctea del país, la misma que era un actor secundario del mercado a principios de la década del 2000. El año pasado, Colun representó el 27,5% de la recepción de leche de todo el país, un punto de crecimiento en el último trienio.

A Grob lo reemplazó Juan Carlos Zwanzger, que anteriormente tenía el cargo de secretario de la cooperativa.

Con la libertad de ahora ser un consejero más, Augusto Grob desclasifica desde el fuerte impacto para las ventas de la firma que tuvo el llamado de algunos grupos a boicotear productos de la competencia hasta su conflicto con Luis Mayol, el exministro de Agricultura, sobre el tipo de propiedad que debía tener la empresa.

Watt's y Soprole lideraron campañas públicas para eliminar los beneficios tributarios asociados a Colun y sus socios por ser una cooperativa. ¿Cómo quedaron las relaciones con las empresas competidoras?

—Durante muchos años tuvimos buenas relaciones con nuestra competencia. De hecho, nos prestábamos apoyo. Cuando una empresa quedaba en pana, decía 'ayúdame un rato con alguna cosa'. Era bastante habitual. Estoy hablando de hace más de una década. En la actualidad, cada empresa se arregla por su cuenta y cómo mejor le resulte.

Hoy, la relación es de franca competencia. Alguna vez alguien de la competencia me dijo 'Augusto empieza a acostumbrarte, ya no nos vamos a dar abrazos de felicitaciones. Tenemos que tomar una postura de defendernos, en el buen sentido de la palabra. Nos están atacando con su crecimiento'.

—¿Y qué responde a las afirmaciones de que compiten con ventajas tributarias?

—Es una visión parcial. Nosotros pagamos impuestos. Es cierto que menos, pues el Estado reconoce el efecto social que producimos sobre el entorno. Por otro lado, por decisión propia, tenemos fuertes inversiones en todo lo que es el desarrollo de nuestros productores, agricultores. Esfuerzos técnicos que tienen que realizar y nosotros los apoyamos directa y potentemente.

Además, pagamos impuestos como cualquier empresa en todos los productos que llevan menos de 50% de leche en su costo total. Eso incluye los envases Tetra Pak, la luz, todos los parámetros del precio de venta final. Tenemos efectos distributivos muy importantes. A nosotros, el sistema cooperativo nos obliga a que el 100% de los remanentes sean repartidos a los socios, por lo tanto, se quedan en la zona.

—¿Si llegara a cambiar la situación tributaria de Colun, terminaría convirtiéndose en una sociedad anónima?

—Diría que no. El tema de impuestos no es lo que nos motiva a funcionar, para nada. Nuestro leitmotiv es realmente tener una industria que funcione bien aceitadita, como reloj suizo. Que los resultados sean los que planificamos.

—El actual ministro de Agricultura, Antonio Walker, promueve el cooperativismo; sin embargo, en el primer gobierno de Sebastián Piñera, Luis Mayol, encargado de esa cartera, lanzó la idea de que Colun debería transformarse en una sociedad anónima. ¿Fue difícil ese momento?

—No. Hemos trabajado en muchas cosas juntos con Luis Mayol, lo conozco personalmente. Tenemos una buena relación hasta hoy. Él piensa de una manera, nosotros de otra. No hemos abandonado nuestros intereses.

Auge de las cooperativas

—En el último tiempo hay un auge de proyectos cooperativos entre productores lecheros ¿cree que es coherente con la cultura de desconfianza del sector?

—Creo que el sistema cooperativo es el único que puede restablecer la confianza entre los productores lecheros y la industria. La esencia de la cooperativa es que los productores de leche, o cualquier grupo de personas, se una y financie un proyecto en torno a un interés común.

Sin embargo, hay una historia de fracasos en la integración vertical en el sector lechero como Calo en Osorno, Cafra en Frutillar o Coval en Valdivia, por nombrar algunos ejemplos. ¿Qué responsabilidad tienen los productores?

—Toda la responsabilidad. Usted nombró varias empresas y un factor común en su fracaso fue la creación de liderazgos negativos dentro del sistema. Esos grupos perdieron dentro de su lenguaje cotidiano la palabra 'nosotros' y la sustituyeron con el 'yo'. Para funcionar en un sistema cooperativo hay que estar pendiente del beneficio para todo el grupo en forma pareja.

—Hace 20 años, Colun era una empresa mediana, bajo Soprole y Nestlé, y hoy es la más grande. ¿Cuál fue la fórmula del éxito?

—Fundamentalmente dos. La primera es la confianza de los cooperados de que el camino pasaba por que ellos crecieran individualmente, pero teniendo un procesador que los tratara a todos por igual. Además, que la generación de utilidades fuera repartida entre todos los socios por igual.

 

Pasando a un tema coyuntural, en 2018 hubo un llamado de algunos sectores a boicotear el consumo de productos de sus competidores. ¿Cuánto afectó el mercado?

—Fue una muy mala decisión de la gente que siguió ese camino. Los agricultores estamos acostumbrados al fair play. Definitivamente no nos gustó la situación. Lo que sí debo reconocer es que nuestras ventas se dispararon.

—¿Cuánto crecieron?

—Sobre 25%. Eso, en términos de nuestro mercado, es mucho.

Fuente: El Mercurio - Revista del Campo

 

 

 

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