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Jóvenes optan por quedarse en el campo

Carolina Wendler Bonati elige la zona del campo donde tiene algunas vaquillas para las fotos. Allí, cerca de Río Bueno, Región de Los Ríos, todo luce verde y las lluvias que han caído, aunque tardías, auguran buena producción de pasto.

Todos los días son distintos, dice, y ese es uno de los atractivos de trabajar en el campo. 'Siempre pasa algo, siempre hay algún incendio que apagar. Ningún año es igual a otro, depende del clima o de los factores económicos externos. Jugar con esa irregularidad lo hace entretenido', comenta.

Su llegada a la lechería fue de golpe. Cuando terminaba Agronomía en la Universidad Austral, en 2013, falleció su papá Martín Wendler. Egresó en diciembre, en enero de 2014 defendió su tesis y volvió rápidamente a la empresa que habían formado sus padres, ambos médicos veterinarios.

'Fue bastante difícil, la verdad. Nunca pensé que me iba a venir tan rápido. Pero en ningún momento fue decir: ¡Qué terrible! ¡Cómo me tocó esto! ¡Me estoy perdiendo toda mi vida! Empecé a los 23, pero siempre me gustó el campo, independiente de que saliera de la universidad y me fuera a trabajar a otro lado. Quería seguir en los mismos rubros', señala.

Ahora, con cinco meses de embarazo, está enfocada en la lechería de la empresa familiar. Ya dejó, por ahora, de andar para todos lados, ya que incluso veía la engorda y la crianza, que ahora están en manos de su hermano Martín. Su otro hermano, Alex, se preocupa del papeleo y la parte contable, combinando otras actividades. El primero es arquitecto y el otro profesor de Historia.

Así, la hija y la menor de la familia se quedó a cargo del fundo Huinqueco, en el sector Crucero, comuna de Río Bueno. Algo que Carolina Wendler cree que ya no es una rareza. 'A mí me ayudó muchísimo que mi papá no hiciera ninguna diferencia por ser mujer. Siempre era una más. También mi mamá ha estado siempre muy metida en el campo'.

Felipe Becker es nacido y criado en la localidad de Carimallín, comuna de Río Bueno. Su vinculación y apego por el campo se la atribuye a su abuelo, Julio Becker. 'A él le doy mucha importancia. Me entregó conocimientos básicos. Él tenía entre sus principios el trabajar arduo, ser ordenado, y me decía que así iba a tener resultados, en el sentido de que trabajando en lo que te gusta se pueden conseguir cosas, como dar un buen pasar a tu familia', señala Becker.

Y por eso siempre ha estado vinculado a la tierra. Trabajó dos años en Nueva Zelandia —referente mundial en lechería— y estudió ingeniería de ejecución en Agronomía en el Instituto Profesional Agrario Adolfo Matthei de Osorno.

Ahora, con 30 años, se independizó. Es propietario de una empresa prestadora de servicios agrícolas. 'Tuve otras alternativas, pero el amor al campo fue mayor y nunca me he arrepentido de la decisión que tomé. Mi opción es quedarme en Carimallín, despertar y ver el patio, el pasto verde, los pájaros, y la tranquilidad impagable que entrega', recalca.

Carolina y Felipe son representantes de la nueva generación de agricultores que apuesta por quedarse en el campo, en vez de abandonarlo, como acontece con una gran mayoría de jóvenes en Chile y el mundo. Ambos son fundadores del grupo Renovales, organizado junto a otros jóvenes lecheros y de otros sectores agrícolas para, al menos en su radio de acción, luchar por revertir esa tendencia.

Se proyectan a a comunidad con charlas y actividades en los colegios y se juntan periódicamente para conocer ejemplos exitosos de los que nutrirse en beneficio de sus propias empresas. Carolina es la presidenta y Felipe el tesorero.

La idea nació de una iniciativa de la Federación Panamericana de la Lechería, que en Chile fue acogida por el Consorcio Lechero, empresas como Colun y gremios como Aproval de Los Ríos.

Problema mundial

El cierre de lecherías ha sido una constante global en las últimas décadas. Se sostiene que la actividad se ha convertido en un negocio de volúmenes porque sus márgenes son estrechos. Organismos internacionales estiman una salida de productores del negocio en torno a 3% a 4% anual.

En Chile también ocurre algo parecido. En 1999 había 22 mil lecherías, según el Estudio de Competividad del Sector Lácteo, hecho por Odepa y la Universidad Austral de Chile. Hoy se estima que quedan 4.500 y con un promedio de edad que, en el caso de los cooperados de Colun, es de 65 años.

Los datos del éxodo plantean que la mayor parte de ellos son lecheros 'normales', de empresas familiares, y entre las principales causas de la salida aparece la falta de continuidad generacional dentro de la familia, por sobre las condiciones del mercado y factores climáticos.

'A mí me pasó cuando estaba trabajando en el campo de mi familia. Yo quería introducir más tecnología en algunas áreas, pero terminábamos en choque con la persona que estaba a cargo del campo y con todos los que tenían más edad que yo', señala Felipe Becker.

Nutrirse entre generaciones

'Los encuentros nos permitieron conocer otra gente que está en la misma ‘pará' que uno: empezando a trabajar en el campo. Fue sumamente provechoso porque uno se da cuenta de que al final las vivencias son las mismas', dice Carolina.

Para ella esto no se trata de que una generación le pase la posta a la otra. 'Es entender las diferencias y virtudes de cada generación y lograr engranarlas para llevar una empresa en forma eficiente, entendiendo las capacidades de cada cual', señala.

Incluir al hijo desde niño en todo lo referido al campo, le parece que podría ayudar. Se ha jurado transmitirle a la hija que espera lo mismo que vio en su papá.

'Se escucha mucho a la gente mayor quejarse de que su hijo se fue, pero el hijo creció escuchándolo quejarse toda la vida. Que este campo que no renta nada, que el precio de la leche y que el campo para arriba y para abajo, que el precio de la leche... Eso nunca se lo escuché a mi papá que estaba loco por el campo', dice.

  • El orgullo de estar en el campo

Fue en 2013 cuando la Federación Panamericana de Lechería, Fepale, convocó a un encuentro panamericano de jóvenes lecheros en Colonia, Uruguay. Van cuatro. Brasil 2015, Ecuador 2017 y Panamá 2019.

A los dos últimos concurrió Carolina Wendler. A la vuelta del de Ecuador, luego de haber conocido a otros chilenos, decidieron fundar Renovales con la idea de mantener y fomentar la forma de vida y el orgullo de trabajar en el campo.

Es lo que denomina tener identidad agrícola, que según cree, en Chile no existe. 'Vemos una oposición de ideas bastante importante, por la brecha generacional. En el rubro lechero es súper difícil llevar a cabo el trabajo familiar', señala Daniela Ojeda, médico veterinario, asesora nutricional de Coagra y coordinadora del grupo Renovales.

'Buscamos incentivar y motivar a que las generaciones de hoy se queden en el campo y logren tener una relación y un acuerdo de gestión con las generaciones anteriores', agrega.

Fueron seis los fundadores en junio de 2017 y ahora ya son 25 miembros, que es el número máximo que se fijaron.

La actividad se ha traducido en charlas y actividades en liceos y escuelas agrícolas, encuentros con otros jóvenes y también actividades al estilo de los Grupos de Transferencia Tecnológica, GTT, para conocer la experiencia de otros, además de visitas tecnológicas a predios de interés.

'Hacemos pequeñas charlas y minicursos en colegios y liceos agrícolas, nos juntamos una vez al mes y vamos a visitar algo que nos interese; por ejemplo, un agricultor que es reconocido por tener lechería robótica. La próxima actividad es el Día de la Leche Escolar y vamos a estar en el liceo agrícola San Javier de La Unión', añade Daniela Ojeda.

23 años tenía Carolina Wendler cuando quedó al frente de la lechería familiar en Río Bueno.

  • Escasez de mano de obra

Para Felipe Becker, el principal problema que enfrenta el mundo agrícola es la escasez de mano de obra. 'A las generaciones nuevas les están inculcando que en la ciudad se gana más plata y no te ensucias, con lo que están migrando a la ciudad y los campos se están quedando sin gente', señala.

 

Por ello una de las misiones del grupo Renovales es lograr que la gente recupere el atractivo por quedarse en los sectores rurales. 'Queremos inculcarles el amor por la tierra a las generaciones nuevas que están enfrentando el mundo laboral. Estamos realizado capacitaciones, entregando herramientas en colegios y escuelas para inculcarles el amor por el campo desde pequeño, como hicieron conmigo y con otros miembros de nuestro grupo', dice.

Es mostrar que si se hacen las cosas bien se pueden conseguir productos de muy buena calidad, lo que a la larga se puede conseguir un buen pasar.'Mostramos este mundo agrícola que de repente se pone bien austero, pero hay que enfrentar las dificultades y echarle para adelante; salir con la frente en alto y enfrentar los problemas', dice Becker.

Como grupo Renovales tenemos muchas actividades enfocadas en entregar a los jóvenes herramientas y conocimientos para que se acerquen más al campo.

  • Como una empresa

Cooperada de Colun, Carolina Wendler trabaja con campos arrendados y propios en cinco unidades. Sumando todo son alrededor de 750 hectáreas útiles y en la lechería trabaja con cerca de 500 vacas masa, pero con tendencia a la baja, dice, porque se recargó demasiado de animales y el campo no le dio para tanto.

Su trabajo ahora es tratar de seleccionar los animales en forma más exacta en genética para tener los animales que efectivamente le sirvan. 'El sistema que uso es 99% pastoril, porque damos muy poquito concentrado en sala, 3 kilos, y el resto es todo forraje conservado y pradera. La idea es que sea una vaca lo más eficiente a pradera posible', dice.

De ahí que acaba de arrendar un campo de 70 ha cercano para producir más alimento. 'El campo es una forma de vida. Pero el tema es verlo como una empresa, no como una idea de que así se hacían las cosas antes y yo debo seguir igual, sino anteponerse a los cambios, por todos lados. Son muchas las exigencias de todo tipo, pero hay que adaptarse y seguir avanzando. Es inútil estar alegando infinitamente que el precio de la leche está malo o por qué tantas exigencias laborales o sanitarias, por ejemplo. Mejor es ver para dónde van los cambios y tratar de anteponerse a ellos', comenta.

Trabaja con 10 personas la lechería y la mitad son mujeres. Hay ordeñadoras y personas que trabajan en la limpieza y los arreglos a la par con los hombres. 'Creo que el hecho de que me vean a mí y a mi mamá a cargo las motiva y han probado que se la pueden', dice.

Pese a los vaivenes, considera que la lechería es negocio y se plantea que lo siga siendo cada vez más.

En parte le ha ayudado el haber seguido participando en el GTT al que pertenecía su papá, que ya tiene más de 30 años funcionando. Eran solo hombres entre 50 y 70 años de los que ha aprendido mucho, dice. 'Me sirvió mucho, sobre todo al comienzo, como apoyo y para a ver qué estaba haciendo el del lado, qué ballica está poniendo, qué dosis de fertilizante o cómo lo está haciendo con la crianza de los terneros. Ahí le empecé a agarrar el gustito a la importancia de trabajar en conjunto', destaca. Y no solo participa. Hace cuatro años que es la tesorera del GTT Cayurruca Trapi de Río Bueno.

Fuente: Revista del Campo

 

 

 

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