La leche en Chile

La leche en Chile

Considerada como uno de los alimentos más completos que nos provee la naturaleza, la leche de vaca ha estado ligada desde tiempos milenarios al desarrollo humano.

En nuestro país, los relatos históricos indican que las primeras vacas lecheras arribaron junto a los colonos europeos. Así se inició, en la primera mitad del siglo XIX, una incipiente actividad agropecuaria y económica.

Estas transformaciones que llevaron a la modernización de los modos de producción no se detienen en la actualidad.

El naturalista francés Claudio Gay relata en su “Historia de la Agricultura Chilena”, que la creciente población que se establecía en la zona central del país llevó a esta nueva actividad a abastecer de leche, queso y mantequilla a los principales enclaves urbanos de la época: Santiago y Valparaíso.

Con el paso del tiempo, esta experiencia agroindustrial fue creciendo en importancia, especialmente con la llegada desde el Viejo Continente de nuevas tecnologías para la industrialización de la leche y con la consolidación de lecherías que fueron extendiéndose hacia el sur, en torno a la zona de Bío- Bío.

En este contexto, la producción de leche se convierte en una alternativa de desarrollo económico -social, aunque se requería de inversiones que le permitieran al campo chileno superar su atraso en materia de técnicas de producción y de mejoramiento de su infraestructura y de sus vías de comunicación para acelerar el acceso del producto a los mercados de demanda.

Así, hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX, también se observa un gran desarrollo de lecherías en los alrededores de Temuco, Valdivia, Osorno y Llanquihue, fundamentalmente en manos de inmigrantes europeos.

Pero es con la llegada de la revolucionaria técnica de la pasteurización que la producción lechera da un salto cualitativo. En la segunda mitad del siglo XX surgen los primeros emprendimientos industriales y se consolidan destacados planteles lecheros.

En todo ese proceso de adaptación, la tecnologización de los procesos productivos y de la cría de ganado han ido sistemáticamente en aumento y, lo que era una actividad artesanal y prácticamente de subsistencia o de trueque, se convirtió en una industria que permitió a Chile ganar posiciones en los mercados más exigentes del mundo. Incluso nuestro país alcanzó el autoabastecimiento de leche, independizándose de grandes países productores.

La introducción de razas especializadas sientan las bases genéticas de los actuales rebaños. Sin embargo, es en la última década del siglo XX, cuando se observa el gran despegue de la lechería nacional.

Exhibiendo una gran capacidad empresarial, los agricultores duplicaron su producción de leche fresca en diez años para superar la barrera de los dos mil millones de litros. Esto, considerando que sólo aumentó en forma marginal la cantidad de vacas en ordeña, logrando así una tasa de crecimiento de la producción que promedió el 8% anual, que representa casi el límite que soportan sistemas biológicos como la lechería.

Esta producción estaba en manos de unos 22 mil agricultores y provenía de un rebaño de aproximadamente 620 mil vacas.

Optimizando las características propias de sus predios, sumado a favorables condiciones climáticas y geográficas, los agricultores han adoptado desde sistemas altamente intensivos y con importantes producciones, hasta sistemas eminentemente pastoriles y extensivos. Pasando, claro está, por emprendimientos que combinan ambos sistemas con estándares mundiales.

Independientemente del sistema, el resultado de los últimos años es una leche de excelente calidad, la cual responde a los más altos estándares.

Eso sí, a diferencia de la mayoría de los países desarrollados, el sector lechero nacional carece de apoyo estatal directo, en medio de una de las economías más abiertas del mundo. Esto se traduce en bajos aranceles y, por tanto, deja al rubro peligrosamente expuesto a distorsiones del mercado mundial como subsidios a la producción, subsidios cruzados y subsidios a la exportación.

Con una cadena láctea orientada históricamente a satisfacer la demanda interna, el eslabón primario ha dado clara muestra de tener la capacidad para desarrollar un potencial insospechado de crecimiento en su oferta, que está muy por sobre el aumento que razonablemente pudiera alcanzar la demanda interna.

Producto de lo anterior, desde el año 2001 se inicia una incipiente actividad exportadora, lo que significó la apertura de nuevos negocios y potenciar la inserción internacional de la lechería nacional, aumentando la demanda interna por materia prima.

(*) Extracto capítulo primero del libro: “Los 15 años de Fedeleche: La historia del gremio lechero relata por sus protagonistas; “La historia del desarrollo del sector lechero en Chile” del quipo de investigadores del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, encabezado por Andrea Larroucau M. y en su prologo escrito por el historiador Juan Ricardo Couyoumdjian B.

 

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