Noticias

El aporte del agro para ser un país carbono neutral

Chile está embarcado en el sueño de llegar a ser carbono neutral en el año 2050. Pocos países se han comprometido así. Podría lograrlo porque tiene un gran aliado, el sector silvoagropecuario, que es el único capaz de absorber dióxido de carbono —CO2—, uno de los principales gases de efecto invernadero culpables del cambio climático, junto al óxido nitroso y el metano, si se habla de los que emite la agricultura.

Esto por la acción benéfica de los bosques que naturalmente captan carbono. Esta capacidad del sector es resaltada en el último Informe del Inventario de Gases de Efecto Invernadero de Chile y refrendada con el compromiso hecho por el país para el manejo sustentable y recuperación de 100 mil hectáreas de bosque, con énfasis en el nativo. Pero la silvicultura, la ganadería y la agricultura —que también emiten gases nocivos— pueden hacer un esfuerzo mayor, con manejos que permitan disminuir aún más la huella de carbono y contribuir a mitigar las emisiones de otras actividades.

CONTRA EL TIEMPO

La necesidad real de cubrir la demanda de alimentos de la población mundial, que hoy llega a cerca de 7,6 billones de habitantes, pero que se espera que aumente a 10 billones en 2050, pone presión a nivel mundial sobre el sector silvoagropecuario, para que la producción forestal y de alimentos se haga de la forma más eficiente posible.

'Significa que tenemos que producir más alimentos para poder abastecer la demanda creciente que existe a nivel global por comida. Sin embargo, ese aumento de producción tiene que dar cuenta de los desafíos ambientales y también sociales que se generan asociados a ellos. Hay una mirada muy atenta respecto de cómo se hace el desarrollo silvoagropecuario a nivel global y eso incluye lo que pasa a nivel nacional', señala Marta Alfaro Valenzuela, subdirectora nacional de Investigación y Desarrollo del Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA.

Se refiere a que la agricultura tiene alternativas para enfrentar estos retos, algunas de las cuales no implicarían un costo adicional tan alto. 'Son cosas que se hacen en el día a día y que cuando las hacemos bien o mejor, permiten, además, aumentar la eficiencia de la producción, lo que siempre es beneficioso', señala la especialista miembro del Comité Técnico de Agricultura, Silvicultura y otros usos de la Tierra del Informe del Inventario de Gases de Efecto Invernadero.

De ahí que plantee un abanico de acciones posibles de desarrollar espontáneamente, así como otras que podrían requerir apoyo, ya sea como inversión privada o como un apoyo subsidiario del Estado, por sus altos costos de inversión. 'Tiene que haber un justo balance entre el desarrollo puntual que se puede hacer a nivel predial y el soporte del Estado para que estas cosas vayan ocurriendo con mayor intensidad en el tiempo... Probablemente, la suma de muchas de estas acciones sean las que finalmente permitan que nuestro sistema sea carbono neutral o de una tasa de emisión de carbono reducida', agrega.

LAS PROPUESTAS GANADERAS

Para disminuir la emisión de los tres gases de efecto invernadero que genera la agricultura —dióxido de carbono, metano y óxido nitroso—, la especialista enfatiza que se deben realizar 'manejos explícitos que nos permitan dar cuenta de estas emisiones. Lo que ocurre naturalmente en el sistema por sí solo no es suficiente'.

Para los sistemas ganaderos —los más apuntados con el dedo en este tema—, plantea que se pueden usar distintas estrategias; por ejemplo, reducir las tasas de fertilización con nitrógeno, que es una de las principales fuentes; manejar el pastoreo de manera más eficiente; manejar la tasa de consumo de la pradera, es decir, que no exista sobrepastoreo, sino que un manejo de residuos durante el pastoreo que permita que exista una acumulación de carbono en el sistema.

También propone ajustar la dieta de los animales hasta lograr un balance de proteína y energía, que sea más eficiente y que reduzca las emisiones de metano, o modificar la dieta incorporando un inhibidor de la producción de metano, o directamente productos que reduzcan las emisiones de ese gas. Marta Alfaro indica que otra opción es incorporar el silvopastoreo, es decir, 'plantar árboles o manejar los bosquetes que existen de manera natural para permitir su renovación y una mayor captura de carbono.

En el sur, en Los Lagos o Los Ríos, es común que los campos tengan zonas de árboles o restos de bosques donde los animales se protegen cuando llueve, o hace frío o calor. Donde no existe esa protección, si uno pudiera establecer cortinas o hileras de árboles serviría por un lado para que los animales se protejan, por ejemplo, del viento y así aumenten su ganancia de peso, y para generar un ingreso alternativo para el campo con la madera'.

TAMBIÉN LA AGRICULTURA

La agricultura, en especial los cultivos, tienen como pecados principales la rotura del suelo y las quemas de rastrojos. La experta plantea evitar el laboreo del suelo en la producción de cultivos porque eso ayuda a reducir las emisiones. 'Incorporar materia orgánica al suelo —como todos los residuos de rastrojos— en vez de quemarla colabora a favorecer la captura de carbono. También reducir las tasas de fertilización nitrogenada permiten bajar las emisiones de óxido nitroso', señala.

Lo mismo que con labores, bajando el número de pasadas del tractor en el campo por distintos motivos como fertilización y aplicación de productos químicos, lo que reduciría la cantidad de petróleo y de energía que se usa y, por tanto, favorece la disminución de emisiones. Respecto de la fruticultura, adicionalmente al hecho de tener cubiertas en el suelo y de no hacer laboreo, propone reducir las tasas de fertilización en los casos que corresponda.

Aunque estos árboles se usan para la producción de alimentos, plantea que hay que tener presente que su crecimiento también favorece la captura de carbono, porque forman tronco. 'Ahí se deben balancear las podas y hacer un manejo de los residuos de esta. Si los quemamos, eso sería contraproducente, porque emitimos CO2, pero la opción es hacer que estos materiales vayan a plantas que los transforman en material para la generación de energía. Otra es evaluar si los residuos se pueden incorporar al suelo, lo que ayuda a la captura de carbono', destaca.

Dos formas de mirar el tema hay en el caso de las quemas de residuos, como los rastrojos. 'Las quemas de residuos en general, en especial de restos de cultivos, tienen un impacto de imagen muy fuerte, sobre todo en períodos de sequía y de incendios, y aunque generan emisiones de CO2 durante el proceso, son muy bajas desde el punto de vista del impacto en las emisiones de gases de efecto invernadero. Las emisiones por la quema de residuos agrícolas es el 0,1% de las emisiones totales de GEI de Chile. Pero eso no significa que no tengamos que tomar acciones para reducirlas', señala.

Para eso la alternativa es la cero labranza, que incluye la incorporación de los residuos en el suelo, el corte y enfardado para uso en la producción animal o para generación de energía.


CON APOYO

Otras opciones para enfocar el trabajo del campo requerirían apoyo estatal o una gran inversión. Es el caso del manejo de los residuos orgánicos de la ganadería con el uso de biodigestores y así no aplicarlos directamente en el campo, sino que usarlos para la generación de energía al interior del predio y después aplicar como fertilizante lo que queda. 'La instalación de biodigestores en predios ganaderos requiere apoyo. Hay algunos de menor tamaño, más sencillos, pero aun así significan una inversión importante', destaca la investigadora de INIA.

También se requeriría apoyo si se obliga a establecer zonas de protección o de mantención de bosques en los campos, o si se deben destinar zonas hoy productivas a áreas de conservación, ya que se deja de producir en ellos. De esto ya hay ejemplos en Europa y Canadá. Otras opciones de manejo que involucran gastos son, por ejemplo, las cortinas cortaviento, ya que se requiere financiar la plantación de los árboles.


ÉNFASIS EN LA ADAPTACIÓN

Chile vive una paradoja en el tema del cambio climático y su huella de carbono, según Carlos Furche, exministro de Agricultura. Por un lado, dice, su aporte a la emisión de gases de efecto invernadero es marginal, respecto del total de los GEI que se producen en el mundo, pero a la vez es uno de los países potencialmente más amenazados por el cambio climático. Además, del total de los GEI que emite Chile, solo el 11% corresponde al sector agropecuario, que es más o menos la mitad del promedio mundial que llega a cerca del 23%. Por eso, Furche plantea que, sin perjuicio de respetar los compromisos adquiridos en materia de mitigación, el esfuerzo principal en términos de políticas públicas y de inversión habría que ponerlo en la adaptación al cambio climático.

'Hay que hacer un esfuerzo mayor en materia de recursos hídricos y en generar condiciones para aumentar su disponibilidad. No soy partidario de grandes embalses, que tienen costos financieros y ambientales, ya que la sociedad está cada vez menos disponible para aceptarlos, pero puedo imaginar un plan de embalses pequeños y medianos, ya que tienen menos impacto ambiental y menos resistencia en las comunidades locales, y un enorme impacto en la posibilidad de adaptarse por la vía de aprovechar mejor los recursos hídricos disponibles', señala.

Plantea que otra de las claves es evaluar iniciativas como la desalación con sistemas mixtos, para abastecer con agua potable a las comunidades ribereñas, sobre todo en la zona centro norte, y con agricultura intensiva. Otra vía sería la innovación tecnológica. 'Tenemos que hacer un gran esfuerzo por generar una agricultura más resistente a la sequía y al estrés hídrico, más resistente a la aparición de nuevas plagas y enfermedades y más resistente a los cambios de temperatura que son evidentes', señala.

A esas posibilidades se suman los cambios en la manera de enfrentar el uso del agua. 'Los cambios al Código de Aguas y los derechos es un debate evidente en la sociedad. Hay que recordar que la Presidenta Bachelet envió un proyecto de ley que fue aprobado en su primer trámite en la Cámara de Diputados y ahora está en el Senado. Me parece que, probablemente, las condiciones han cambiado respecto de ese momento, el proyecto fue enviado hace unos seis años, y es un tema que ineludiblemente debe ser abordado', afirma Carlos Furche.

Fuente: Revista del Campo

 

 

 

© 2002 FEDELECHE F.G.. Todos los derechos reservados. Implementa innovate.cl