Noticias

Los desafíos que enfrentan las mujeres en el agro

En la localidad de Coipomó, cerca de Ancud, en Chiloé, Cecilia Guineo produce hortalizas y frutas orgánicas desde que tenía ocho años, buscando mantener las técnicas ancestrales que aprendió de sus padres y abuelos, de origen huilliche. Su interés por mantener la tradición la ha convertido en una reconocida guardadora de semillas en la isla, donde lidera un banco —al que llama reservorio— en el que conserva alrededor de 20 variedades de papas nativas, ajo y zanahorias de colores.

Una tarea que le ha permitido viajar a congresos internacionales para contar cómo rescató el cultivo de la quínoa chilota, una variedad que estaba casi desaparecida, y de la cual produce unos 100 kilos al año. Hace más de 12 años, además, Cecilia Guineo formó la asociación Chiloé Orgánico, que presidió hasta 2019 y que está autorizada por el SAG para certificar la producción orgánica de sus socios, de los cuales dos tercios son mujeres. 'Cuando una mujer quiere hacer algo, puede. Tengo 54 años, tres hijos y tres nietos, parto trabajando a las seis de la mañana y en esta época termino muy tarde, pero se puede… Todas las mujeres podemos ser líderes, solo que algunas no lo han descubierto', comenta. El liderazgo de Cecilia Guineo en su comunidad y en Chiloé, aunque creciente, no es común entre las mujeres que se desempeñan en la agricultura chilena. De hecho, la participación laboral femenina también es baja y alcanza solo al 23,1% en este rubro, según datos de Odepa para 2018, muy por debajo del 41,4% que tienen en toda la economía.

Entre las razones que explican la baja participación —que sube en la fruticultura— hay barreras de género, como el menor acceso a créditos y a la tierra, y la necesidad de destinar parte de la jornada al cuidado de los hijos y familiares, lo que se traduce en menores ingresos, y que se repite en América Latina. 'Las brechas de las mujeres en Chile son menores, pero siguen siendo altas. Por lo general, la pareja es el dueño del predio y ellas se dedican a rubros menos intensivos. Además, tienen una triple jornada', dice la encargada de género de Indap, Mariana Arias. Sin embargo, existen oportunidades para potenciar su rol en el agro, como el mayor nivel de educación y de productividad que registran, y la posibilidad de asociarse para hacer más visibles sus problemáticas. 'Si las mujeres producen alimentos, generan empleo y trabajo colaborativo, identidad y sustentabilidad en el desarrollo local, y cuidan la biodiversidad, será necesario implementar políticas más integrales que consideren esos elementos', plantea Francisca Rodríguez, presidenta de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas, Anamuri.


ROMPER LAS BARRERAS

La FAO proyecta que el fenómeno de feminización de la agricultura en América Latina continuará en los próximos años, y sugiere reducir las brechas de género, ya que eso permitiría aumentar los rendimientos agrícolas entre 20% y 30%. Si bien la realidad de Chile no es siempre la misma que en el resto de A. Latina, hay puntos comunes. 'Además de barreras en el acceso a créditos, tierras y activos productivos, en Chile hay algunas de tipo estructural, que invisibilizan el trabajo que hacen; por ejemplo, al aparecer en las encuestas como ayudantes y no como productoras', explica Valentina Cortínez, coordinadora del Observatorio de Género Mujeres y Territorios del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural.

Por eso considera necesario redistribuir el trabajo doméstico y de cuidado de los hijos, y diseñar las encuestas de manera que puedan recoger más información. 'Se debería preguntar por todas las actividades productivas a las que se dedican, y en qué momento del año… No incluir todas las actividades ni los ingresos provoca invisibilidad, porque después quien diseña las políticas públicas en Santiago no puede fomentar trabajos que no sabe que existen', explica. Otra diferencia es la informalidad ya que, al menos entre los usuarios de Indap, solo el 12,5% de las mujeres tiene iniciación de actividades, frente al 30% de los hombres.


TRABAJAR EL POTENCIAL

Hace casi treinta años, Estrella Pérez y su marido partieron a Punta Arenas para cuidar una estancia, donde aprendió a cultivar hortalizas bajo techo y que la llevó a independizarse. Hoy tiene una parcela donde maneja tres invernaderos y un gallinero, y comenta que los clientes llegan a su puerta a comprar verduras y huevos. 'Tenemos un invernadero repleto de choclos, que no son fáciles de producir acá, y los vendemos en las ferias y mercados de Indap', dice. Tal como ella, en Indap indican que el 70% de los usuarios que participan en los mercados campesinos son mujeres y que, en términos de financiamiento, el año pasado se otorgaron $22 mil millones en préstamos a 17 mil usuarias, frente a $29 mil millones destinados a hombres.

'Desde 2015 existe una línea de crédito especial para mujeres, no reajustables, con una tasa preferencial y un período de pre y posnatal de 123 días', detalla Mariana Arias. También resalta que existe un potencial por aprovechar entre las mujeres, ya que son más jóvenes que los hombres, tienen más educación, participan más en organizaciones sociales y son más productivas. 'Es una tremenda ventaja tener más educación, pero creo que no se está aprovechando mucho… Si la participación laboral en la agricultura sigue en torno al 20%, es una señal de que el problema es más profundo', plantea Valentina Cortínez.


ASOCIARSE Y LIDERAR

El año pasado, un grupo de profesionales de la industria del vino formó la Asociación de Mujeres del Vino Chile (MUV), la primera agrupación femenina multidisciplinaria de ese rubro —compuesta por enólogas, productoras y sommeliers, entre otras—, que tiene 44 socias y 130 miembros en total, y que ya forma parte de una red internacional de 12 organizaciones similares. 'Somos una fuerza de trabajo importante para el sector, invisibilizada por razones históricas, y estamos formando una plataforma de visibilización e intercambio, y un espacio de consolidación.

Si no estamos en un espacio que genere representatividad es más difícil que haya un conducto para dar a conocer nuestras problemáticas', dice la presidenta interina de MUV, Nadia Parra. Con una mirada más técnica, hace nueve años que un grupo de 15 productoras de leche de Colun formaron un Grupo de Transferencia Tecnológica (GTT) compuesto solo por mujeres, con la idea de compartir sus experiencias y generar nuevos conocimientos. Hoy siguen reuniéndose todos los meses y reconocen que los resultados son positivos. 'Somos un grupo de mujeres fuertes, que a través de la unión y la confianza busca aportar a la actividad lechera. Tenemos un lenguaje en común, organización de los tiempos y desafíos que nos han sido comunes, y ha sido tremendamente enriquecedor', asegura Paulina Carrasco, miembro del GTT y la primera mujer directora del Consorcio Lechero y de Aproval Los Ríos.

Si bien existen estos ejemplos y en la última década han surgido líderes regionales en la fruticultura, como Lina Arrieta, María Inés Figari y Carolina Dosal, está pendiente fomentar la asociatividad entre mujeres y sus posiciones de liderazgo, tanto en la pequeña como la gran agricultura y las empresas del sector. 'Los espacios gremiales o de participación más política son muy masculinizados e incluso temas como los horarios o lugares donde se reúnen representan una barrera que, por omisión, resta a las mujeres', asegura Valentina Cortínez. Por eso, considera clave promover la participación y formación de colectivos femeninos en el agro. 'Son organizaciones totalmente relevantes y es hacia donde hay que avanzar… Agruparse entre mujeres hace emerger una agenda y visibilizarla para generar políticas más focalizadas', destaca.

DATOS CLAVE 

Las principales brechas de género en Latinoamérica:

  • Más allá del ámbito agrícola, existen diferencias como la prevalencia de obesidad, que en 19 países es superior a la de los hombres en al menos diez puntos porcentuales.

 

  • 8,4% de las mujeres de la región experimentan inseguridad alimentaria severa, frente al 6,9% de los hombres.

 

  • 39% de las mujeres mayores de 15 años en América Latina no tiene ingresos propios, mientras que en los hombres la cifra es de 12,7%.

 

  • 78% a 30% varía el porcentaje de propiedad de la tierra que tienen las mujeres en Latinoamérica.

 

  • 67% de las mujeres ocupadas en la región recibe ingresos inferiores al salario mínimo.

 

  • 45,1% de las mujeres de sectores rurales participan en la actividad económica en A. Latina, muy por debajo del 84% que registran los hombres.

 

  • 36% de las mujeres rurales ocupadas se dedica a actividades agrícolas en la región.

 

*Por Paloma Díaz

Fuente: El Mercurio - Revista del Campo

 

 

 

© 2002 FEDELECHE F.G.. Todos los derechos reservados. Implementa innovate.cl