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Una gestión adecuada en la cooperativa lechera

Las adquisiciones y fusiones son fenómenos que afectan a casi todas las empresas, para consolidar la presencia en un contexto de mercado cada vez más amplio y competitivo. El sector lechero, que por su naturaleza es el alimento mundial por excelencia, no escapa a esta lógica.

La reciente adquisición de la cooperativa Westland de Nueva Zelanda por parte de Yili (China), uno de los grupos lácteos más grandes del mundo, así como el del australiano Murray Goulburn, que pasó al grupo canadiense Saputo, pero también las dificultades de Fonterra, suenan un poco como alarma para mantener el modelo de empresa cooperativa para competir en los grandes mercados internacionales.

En los Estados Unidos, la cooperativa de St Albans que recolecta leche de 300 productores en Vermont y estados vecinos, para hacer frente a los bajos precios y la necesidad de nuevas inversiones, se fusionó con Dairy Farmers of America (DFA), la cooperativa con sede en la ciudad de Kansas con 8.100 miembros, proveedores en todo el país. Este fenómeno de consolidación está muy presente en los EE. UU., dado que entre 2007 y 2017, un promedio de 70 cooperativas se fusionaron cada año.

Europa no está ausente de esta dinámica, también por razones políticas vinculadas al Brexit, como lo demuestra la fusión de las cooperativas irlandesas LacPatrick con el interés de Lakeland y Dairygold en operaciones similares.

Las cooperativas bálticas pretenden consolidarse mediante fusiones para tener los recursos necesarios para invertir en plantas más competitivas, gracias a fondos de la UE o préstamos bancarios. Este es el caso de la fusión entre la cooperativa letona Piena Cels con la E-Piim de Estonia, pero se inducirá a docenas de otras pequeñas empresas a seguir este camino para mejorar su posición en el mercado.

Es necesario apoyar la lógica cooperativista con la adopción de mecanismos de gestión adecuados

No solo las dificultades financieras, sino también la incertidumbre frente a factores como el cambio climático, deben hacernos reflexionar sobre la estabilidad del modelo mutualista de una empresa competitiva y sobre su capacidad de resistencia ante las incertidumbres del mercado para garantizar una remuneración justa para los productores asociados. 

Las dificultades de las empresas cooperativas en Nueva Zelanda y Australia demuestran cómo es necesario combinar la lógica cooperativa con la adopción de mecanismos de gestión adecuados para evitar que la búsqueda de la expansión comercial ponga en peligro los estados financieros.

En el caso de Westland, al no haber capitalizado sus márgenes de inversión con el tiempo y ni siquiera buscar capital externo, la cooperativa se encontró en una espiral negativa de alta deuda y precios de la leche poco competitivos, lo que la hundió.

Entonces, el problema no está tanto en mantener el modelo cooperativo como en la efectividad del modelo de toma de decisiones y gestión. El problema sigue siendo garantizar un retorno de la leche en línea con el mercado, pero hacer las inversiones necesarias para mejorar la calidad y hacer que la producción sea más eficiente.

Para aquellos que operan en un contexto de mercado globalizado y, por lo tanto, abiertos a la competencia internacional con productos estandarizados, se hace cada vez más necesario y urgente la adopción de mecanismos de gestión adecuados, independientemente de su forma corporativa.

Dato OCLA:

En Argentina, en la década del 90, más del 30% de la leche se industrializaba en cooperativas, hoy menos de 5% está en manos cooperativas.

En la actualidad, se gestiona un volumen mayor en cooperativas primarias que no cuentan con procesos industriales y comerciales, sino que son agrupaciones de productores que comercializan en conjunto su producción además de realizar otras actividades primarias conexas.

 

Fuente: OCLA del newsletter de CLAL.it por Leo Bertozzi 

 

 

 

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