¿Son las vacas las mayores responsables del cambio climático y contaminan más que el transporte?

Esta concepción surge en el año 2006, cuando un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) planteó que los rumiantes contribuían con emisiones de gases efecto invernadero (GEI) en una proporción equivalente (superior) al sector transporte, instalando en la población la idea de que el ganado bovino es el gran responsable del calentamiento global, particularmente por las emisiones de metano entérico (CH4).

Cabe señalar que ese estudio recibió múltiples críticas, pues se utilizaron distintas metodologías de cálculo para rumiantes y para el sector transporte. En términos simples se compararon peras con manzanas; y aunque posteriormente (2013) la misma FAO realizó una rectificación con una reducción del 18,0% al 14,5%, esa idea quedo en el inconsciente colectivo.

Es necesario entender que los rumiantes no deben ser vistos como los automóviles, es decir, sólo como un agente emisor de contaminantes. Por el contrario, en su estado natural forman parte de un ecosistema que ha evolucionado en conjunto con ellos. Existe una relación entre el suelo, las plantas y los animales, y como tal, la generación de GEI debería ser analizada desde esa perspectiva.

En este contexto, existen diversos estudios que plantean que los rumiantes, bajo un adecuado manejo de pastoreo, no sólo reducen las emisiones de GEI, sino que también facilitan la provisión de servicios ecosistémicos esenciales, aumentan el secuestro de carbono en el suelo y reducen el daño ambiental. El aumento del carbono secuestrado en el suelo permite neutralizar los GEI emitidos en la digestión de su alimento.

Asimismo, existen en el suelo diversas poblaciones bacterias metanotróficas que oxidan el metano atmosférico, contribuyendo también a mitigar las emisiones de CH4 entérico.

Si bien la investigación en esta temática no es nueva en la nutrición de rumiantes, pues la pérdida de CH4 representa una ineficiencia energética, se ha incrementado en la última década, particularmente en lo que respecta a estrategias para disminuir las emisiones.

 En este sentido, cabe destacar que actualmente existen diversas estrategias conocidas como son el uso de ionóforos (de efecto transitorio), y otros aditivos como el 3-NOP (3-nitrooxipropanol) y las algas marinas rojas.  El 3-NOP es un aditivo alimentario eficaz para mitigar las emisiones de CH4 entérico sin comprometer el desempeño productivo de los rumiantes (Jayanegara et al., 2018).

Algunos autores han reportado reducciones del orden del 23 al 29% en vacas lecheras (Van Wesemael et al., 2019; Melgar et al., 2020) y del orden de 50 a 76% en ganado de carne a corral (Alemu et al., 2021). En tanto, recientemente se ha reportado que la adición de las algas rojas ha logrado reducciones de CH4 entérico de un 82% (Roque et al., 2021).  

La bibliografía utilizada en parte de este artículo se puede conocer en el siguiente Link.

Autor: Dr. Rodrigo Arias, académico del Instituto de Producción Animal, Facultad de Ciencias Agrarias y Alimentarias, Universidad Austral de Chile.

 

Fuente. https://www.diariolechero.cl