La ganadería lechera del sur de Chile, particularmente en las regiones de La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos, se ha desarrollado históricamente sobre la base de un recurso natural abundante y de bajo costo relativo: la pradera.
Las condiciones agroecológicas de esta macrozona -precipitaciones anuales que superan con frecuencia los 1.200 a 2.000 mm, suelos volcánicos de buena capacidad de retención de humedad y temperaturas moderadas durante gran parte del año- configuran un ambiente particularmente favorable para el crecimiento de especies forrajeras de clima templado.
Esta combinación de factores ha permitido que la región concentre la mayor proporción de la masa lechera nacional y que el modelo productivo predominante se sustente en sistemas a pastoreo que, en general, tienen un menor costo de producción, aun cuando debe lidiar con la estacionalidad.
Desde el punto de vista nutricional, la pradera permanente bien manejada es un alimento de alta calidad. De acuerdo a lo señalado en la Tabla de Composición de los Alimentos de la UACh, en estado vegetativo puede alcanzar concentraciones de energía metabolizable cercanas a 2,6-2,9 Mcal/kg de materia seca y niveles de proteína cruda que fácilmente superan el 20-22%, especialmente durante la primavera.
Sin embargo, esta calidad no es constante a lo largo del año: la pradera exhibe una marcada estacionalidad de crecimiento, con una curva de producción de forraje que se concentra fuertemente en primavera, disminuye en verano -particularmente en años con déficit hídrico-, se recupera parcialmente en otoño y prácticamente se detiene durante los meses de invierno.
LÍMITE BIOLÓGICO
Uno de los aspectos centrales que debe comprenderse al analizar los sistemas de producción de leche en base a pradera es el límite biológico que impone este alimento cuando se utiliza como fuente exclusiva de nutrientes. La capacidad de ingestión voluntaria de materia seca de una vaca lechera en pastoreo está limitada por factores físicos, principalmente la capacidad de llenado ruminal, y por las características propias del forraje, como su contenido de fibra detergente neutro (FDN) y su digestibilidad.
Aún en condiciones de primavera, con una oferta abundante y pradera de excelente calidad, una vaca no puede consumir una cantidad ilimitada de forraje fresco: existe un techo de ingestión que, en la práctica, restringe la cantidad de energía que el animal puede obtener exclusivamente del pastoreo.
Cuando una vaca de alto potencial genético no recibe un aporte energético adicional al de la pradera y su nivel de producción supera aproximadamente los 25 litros diarios, el animal se ve forzado a recurrir a sus reservas corporales -fundamentalmente tejido adiposo- para cubrir el déficit energético no satisfecho por la dieta. Esta movilización de reservas se traduce en pérdida de condición corporal, lo que en el corto plazo puede sostener el nivel de producción, pero que en el mediano plazo compromete negativamente los indicadores reproductivos del rebaño.
APORTE ENERGÉTICO
En primavera, cuando la pradera presenta un exceso relativo de proteína y un déficit de energía respecto de los requerimientos de vacas de alta producción, se recomienda suplementar preferentemente con concentrados energéticos, ricos en energía metabolizable (idealmente sobre 3 Mcal EM/kg de materia seca) y bajos en proteína cruda (menos de 12%), de manera de corregir el desbalance nutricional de la pradera en esa época. El uso de cereales, especialmente maíz, son una muy buena alternativa, los que destacan por su alto contenido energético y baja proteína cruda.
Otro factor por considerar es el porcentaje de materia seca y de fibra efectiva de la pradera. En primavera es común, debido al activo crecimiento de estas, que el contenido de materia seca sea bajo (15 a 18%) y poca fibra efectiva debida a la escasa lignificación. Esto provoca caídas en el pH ruminal y eventualmente una disminución de la grasa de la leche. Esto se corrige ofreciendo fibra efectiva antes del pastoreo, normalmente en la forma de heno o ensilaje de alta calidad, de manera tal de estimular la rumia, la producción de saliva y mantención del pH ruminal.
Por lo tanto, aun cuando durante la primavera se cuenta con un recurso abundante y de menor costo, como lo son las praderas, su utilización debe ser con precaución y siempre estar atentos a indicadores productivos (composición de la pradera, nivel productivo de los animales, porcentaje de grasa de la leche, entre otros) que pueden dar señales sobre si es necesario hacer alguna corrección en el manejo de la alimentación.
Fuente: El Austral El Diario de Osorno - Campo Sureño.

