En una nueva columna de opinión, el presidente de Fedeleche, Marcos Winkler, aborda la discusión sobre la reducción de la jornada laboral a 40 horas y advierte sobre sus implicancias directas en el empleo y la productividad del sector lácteo.
La discusión sobre la reducción de la jornada laboral a 40 horas ha puesto en evidencia una tensión que no podemos ignorar: la distancia entre la normativa y la realidad productiva del campo. En la última reunión de directorio de Fedeleche, los representantes del gremio fueron claros al advertir que la rigidez de la ley amenaza con presionar los costos y debilitar la competitividad de las pymes agrícolas, especialmente en rubros como la lechería.
La ordeña es el ejemplo más ilustrativo. Se trata de una labor que no admite pausas ni calendarios urbanos: las vacas deben ordeñarse dos a tres veces al día, todos los días del año, sin excepción. Reducir la jornada sin mecanismos de adaptabilidad y flexibilidad significa obligar a contratar más personal para cubrir los mismos turnos, lo que incrementa los costos fijos y compromete la viabilidad de muchos productores. Lo mismo ocurre con cosechas, riego, y manejo sanitario, actividades que dependen de ciclos biológicos y climáticos, no de relojes.
El gremio valora y comparte el objetivo de la ley —mejorar la calidad de vida de los trabajadores—, pero insiste en que su implementación debe reconocer la especificidad de la agricultura. La adaptabilidad y la flexibilidad no son privilegios, son condiciones básicas para que las faenas puedan cumplirse sin afectar el empleo, ni la productividad. Por eso, Fedeleche trabaja en propuestas que incluyen la interrupción de la jornada para ordeñadores y regímenes excepcionales que permitan compatibilizar derechos laborales con la naturaleza de la producción.
Quienes vivimos y trabajamos en el campo sabemos que la agricultura no funciona de acuerdo con el calendario, sino con los ciclos de la naturaleza. La lechería, en particular, es un motor socioeconómico que sostiene comunidades rurales y genera empleo formal, permanente y de calidad. Si queremos proteger ese aporte, debemos legislar con realismo y sensibilidad, entendiendo que la flexibilidad laboral no es una concesión, sino una herramienta indispensable para la sustentabilidad del sector.
La invitación es a enfocar la discusión en el daño que la rigidez normativa puede provocar en las pymes agrícolas. Porque detrás de cada ordeña, de cada hectárea regada y de cada litro de leche producido, hay familias rurales que dependen de que el trabajo del campo siga siendo viable.
Por Marcos Winker, presidente de Fedeleche
Fuente: Unidad de Comunicaciones Fedeleche FG

