El balance de carbono daría las emisiones reales del ganado
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El balance de carbono daría las emisiones reales del ganado

Ernesto Viglizzo, autor del estudio presentado en el pabellón de IICA en la COP28, recalca que las emisiones de gases de efecto invernadero de la ganadería son mucho menores que el 20% del que se les acusa, lo que impacta la seguridad alimentaria. Propone medir considerando emisiones y captura de los campos ganaderos.

 

La información impacta: el ganado bovino, que desde hace años es sindicado como uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero (GEI) que generan el cambio climático, estaría en el banquillo de los acusados injustamente y, con ello, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria del planeta y la sobrevivencia económica especialmente de pequeños productores que tienen en el ganado su fuente de alimentos y de ingresos.


Sin embargo, en el estudio 'Ganadería bovina y cambio climático en las Américas: hacia modelos de desarrollo bajos en carbono', que se presentó en el pabellón del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) en la COP28, en Dubái, sostiene que las vacas no son las culpables del casi 20% de emisiones de gases de efecto invernadero del que se las acusa.


No es que la producción ganadera bovina no emita, sino que en la medición se les carga con emisiones de otros sectores económicos, como frigoríficos, transporte y todo lo que implica que el producto llegue hasta los consumidores, enfatiza el investigador y científico argentino Ernesto Viglizzo, autor del estudio.


'Si a las emisiones propias del productor, ya sea por uso de combustibles fósiles para la producción o emisiones del animal, se les agregan todas las otras desde el campo hasta la góndola del supermercado, se sube la huella de carbono a niveles mucho más altos de la que generó el productor', comenta el referente internacional en ganadería, suelos y cambio climático.


Por ello, recalca, lo adecuado sería medir las emisiones a partir del balance de carbono, considerando solo las que ocurren en el campo y que dependen efectivamente del productor y analizando el aporte que hace, además, ese campo, a través de las capturas que se realizan con los pastizales, setos y bosques en donde viven los animales.


'Actualmente se utiliza una metodología, llamada análisis de ciclo de vida, que da lugar a la huella de carbono y que sirve para aplicar a cualquier producto. Lo que hace esta técnica es que va midiendo las emisiones en cada uno de los eslabones de la cadena. Sin embargo, las emisiones localizadas consideran las que ocurren en el predio rural, que dependen del productor, y se diferencian de las emisiones del resto de la cadena, que dependen de otros sectores económicos y que emiten GEI por combustión del petróleo', explica.


Por ello, la propuesta del estudio es considerar al predio como unidad de referencia para evaluar el carbono emitido y capturado. 'Aquí hablamos de balance de carbono, la diferencia de lo que se emite, por las distintas actividades, y lo que se gana por la plataforma de fotosíntesis vegetal que integra un predio. De la diferencia entre ambas surge el balance de carbono. Mientras la huella de carbono está basada solo en emisiones, el balance contempla las dos cosas. Esto ayuda a valorizar la actividad del productor primario y agropecuario', comenta el experto.


Explica que el cálculo del balance de carbono analiza el campo y no se calcula por tonelada de carne o litros de leche producidos, sino por hectárea de tierra. 'El balance de carbono se presenta como una opción mejor adaptada que la huella de carbono a la ganadería extensiva de base pastoril. Su cálculo implica estimar anualmente no solamente las emisiones, sino también la captura y almacenamiento de carbono en el sistema'.


Y esto tendría un impacto directo en la seguridad alimentaria y en la sobrevivencia productiva de miles de pequeños productores agropecuarios de América Latina y el Caribe, que se han visto indirectamente afectados por la mala fama que se ha construido en torno al ganado bovino, perdiendo fuentes de ingresos y alimenticias. Lo anterior porque, como señala el estudio, la mala fama hecha al ganado como emisor de emisiones ha llevado a que en distintas partes del planeta se impongan restricciones y penalizaciones comerciales a los productores que emitan de manera excesiva.


Hay que considerar que la ganadería bovina en las Américas, de acuerdo a datos de la FAO, contribuye a más del 30% de la producción mundial de carne y casi a un 25% de la de leche, en donde América Latina y el Caribe representan 16,1% y 11,55% para carne y leche, respectivamente.

 

El ganado es esencial


Ernesto Viglizzo explica que el estudio se realizó sobre 40 campos ganaderos argentinos, en donde se midió la relación de emisiones del campo —considerando todo lo involucrado en la producción y las generadas por el rumen animal— y también la captura que había en la vegetación del campo.


'Vimos que un tercio de ellos tenía emisiones neutras, un tercio pierde o emite, y un tercio obtiene créditos de carbono'. 'Con crédito de carbono un tercio se mantiene más o menos neutro y un tercio final pierde mucho. Y esto permite diferenciar la gestión del carbono que hace el productor agropecuario', explica, refiriéndose a que hay una acción del ganadero para disminuir su impacto.


'En los estudios de balance de carbono es posible discriminar la performance individual de los productores, y es así el productor quien en última instancia se puede convertir en sujeto de premio o penalización de acuerdo al balance de carbono generado en su sistema de producción', detalla.


El experto recalca que si la evaluación del aporte del ganado se hace a partir del balance de carbono, permite aportar a la seguridad climática global. 'En las lecherías del sur de Chile hay una gran masa forestal y pasturas con fotosíntesis y eso significa captura de carbono. Y si bien se requieren algunos cálculos y evaluación adicional, se sabe que estas regiones ganaderas están haciendo un aporte muy importante para el resto del país', comenta.


Hacer la medición de emisiones a partir del balance de carbono, dice, es factible, ya que hay tecnologías que permiten evaluar ambas fuentes, emisiones y capturas, y que son certificables.


Avanzar en sostenibilidad


Utilizar el balance de carbono, en lugar de la huella, permitirá que se avance en sostenibilidad ganadera, enfatiza el experto.


Esto, porque se ha visto, por ejemplo, que a medida que se aumenta la carga de animales por hectárea, la captura por fotosíntesis tiende a disminuir (hay menos pasto en el campo, por ejemplo), con lo que el balance se vuelve negativo. Lo mismo ocurre cuando se trabaja con sistemas confinados, como feedlots, ya que no hay praderas.


'Hay metodologías o tecnologías disponibles, hay mucho por hacer para mejorar la ganancia de carbono. Por ejemplo, el diseño de nuevos sistemas pastoriles, las enmiendas orgánicas, el manejo de cultivos de cobertura. Hay otros como la meteorización de rocas y el carbono vegetal, que es algo muy nuevo', comenta.


Además, dice, se puede hacer mucho en mitigación, como 'utilizar leguminosas forrajeras que reemplacen o disminuyan el uso de fertilizantes nitrogenados; la siembra directa es otra técnica o sistema que permite minimizar labores y con eso estamos consumiendo menos combustibles fósiles; la producción de biofertilizantes y biogás a partir de heces y orina de animales. Por supuesto está la selección genética, utilizando razas que emiten menos; o la utilización de aditivos en la alimentación que ayudan a disminuir el gas en el rumen, además de la clásica minimización de pérdidas y de desechos de alimentos'.


Incluso lo ve factible para los productores medianos y pequeños, que pueden ver en estos temas más dificultades que beneficios, pero recalca que muchas de las medidas son sencillas de aplicar y que, además, a medida que el productor ve que su producto, al ser más sostenible, gana en valor agregado, se incentivará para incorporar este tipo de acciones que le generan un beneficio económico y productivo.


Comenta que, incluso, la mejora en sostenibilidad de los predios se puede asociar a lo que se llama 'cultivo de carbono', donde el gas se convierte en un commodity comerciable, como los otros del campo.


El experto concluye su estudio afirmando que 'el desafío que la agricultura mundial asigna a las Américas un rol estratégico en la provisión de proteínas animales de alto valor biológico y en la prevención del cambio climático. Hoy existen tecnologías y prácticas que permiten armonizar ambos objetivos: seguridad alimentaria y seguridad climática global'.


Recuadro

Mientras la huella de carbono está basada solo en emisiones, el balance contempla las dos cosas (emisión y captura). Esto ayuda a valorizar la actividad del productor primario y agropecuario'.

Hoy existen tecnologías y prácticas que permiten armonizar ambos objetivos: seguridad alimentaria y seguridad climática global'. Destaca que la ganadería del sur de Chile, en zonas de grandes bosques, lo hace.


IMPACTO NEGATIVO VERSUS BENEFICIOS


El investigador reconoce que la ganadería tiene impactos negativos I graves —como la deforestación, entre otros—, sin embargo, enfatiza que también es importante reconocer la importancia que tiene para la alimentación humana —a través del aporte nutricional de la carne y la leche—, así como económico para la sociedad y los países. Además, dice, también hay que reconocer que muchos sectores sociales y económicos generan impactos negativos de magnitud considerable sin mediar una contraprestación productiva que los compense, como sí hace la ganadería.

Por Patricia Vildósola Errázuriz -

 

 

Fuente: El Mercurio - Revista del Campo