El robo de ganado evolucionó hacia mafias con logística avanzada, vulnerando la seguridad de la provincia de Llanquihue.
El abigeato en Los Lagos dejó atrás su antigua fachada de delito de subsistencia para transformarse, de manera alarmante, en una maquinaria de crimen organizado que asedia los campos del sur.
Las cifras del primer semestre de 2026 evidencian una mutación innegable, donde comunas como Fresia, que hoy encabeza los registros regionales con 16 denuncias formales, demuestran que el problema ya no se concentra en las grandes haciendas de Osorno, sino que se instaló con fuerza en la provincia de Llanquihue.
Lejos del cuatrero solitario, las bandas actuales operan bajo una logística de alta precisión, tal como dio a conocer El Llanquihue en su suplemento dominical.
Irrumpen de madrugada con vehículos acondicionados para alterar los dispositivos de trazabilidad del ganado, utilizando complejas redes de blanqueamiento tributario que insertan su botín en el mercado formal, todo mientras la respuesta estatal sigue anclada en patrullajes preventivos que resultan insuficientes ante la inmensidad del territorio rural.
La sustracción de un animal no solo destruye años de meticulosa inversión en genética, sino que genera una profunda vulneración en el espacio personal de los campesinos, quienes hoy conviven con el miedo constante a enfrentarse a grupos violentos en la oscuridad de sus predios.
Este negocio ilícito sobrevive y se expande gracias a un eslabón fundamental: la receptación.
Tal como advierte el presidente de Fedeleche, Marcos Winkler, al exigir rastrear el destino del producto, 'la carne que ha sido robada finalmente se comercializa en carnicerías clandestinas', llegando a las mesas de Puerto Montt y Puerto Varas bajo un manto de impunidad que evade controles sanitarios y pone en riesgo la salud pública local.
Es un imperativo ineludible que el Congreso acelere la tramitación legal para habilitar técnicas especiales de investigación policial, como la interceptación telefónica y el rastreo de activos, herramientas reservadas hasta hoy para el narcotráfico; porque mientras el sistema judicial no golpee la ruta del dinero y clausure los recintos que lavan el producto del robo, los campos del sur seguirán desangrándose ante la mirada impotente de quienes los trabajan..
Fuente: El Llanquihue

