Marcela Espinoza Morales, Directora Ejecutiva de SAVAL FG, releva algunas de las iniciativas que reflejan una forma concreta de vincular la educación técnico-profesional con el mundo productivo.
Hay experiencias educativas cuyo valor trasciende ampliamente los conocimientos que entregan. Son aquellas que permiten a los jóvenes descubrir sus capacidades, ampliar sus expectativas y comenzar a imaginar su futuro. Los Juegos del Agro y la Ruta del Conocimiento son buenos ejemplos de ello.
La reciente cuarta versión de los Juegos del Agro reunió en Osorno a cerca de 500 participantes de 15 establecimientos técnico-profesionales de las regiones de Los Ríos y Los Lagos. Más allá de los resultados, esta iniciativa permitió a los estudiantes demostrar sus habilidades, resolver desafíos propios del trabajo agrícola y compartir con jóvenes de otros establecimientos que tienen intereses y aspiraciones similares.
Para un alumno de un liceo técnico agrícola, estas experiencias tienen un significado especial. No se trata solamente de aplicar lo aprendido en clases. También implica reconocer que sus conocimientos tienen valor, que es capaz de desenvolverse frente a otros y que la formación que recibe puede abrirle oportunidades concretas de desarrollo personal y profesional.
Algo similar ocurre con la Ruta del Conocimiento, que acerca a los estudiantes a las tecnologías, empresas y profesionales del sector. Conocer sistemas de ordeña robotizada, agricultura de precisión o nuevas herramientas productivas permite comprender que el campo actual es también un espacio de innovación, especialización y desarrollo tecnológico.
Ambas iniciativas, impulsadas por la Corporación de Desarrollo del Sur junto a organizaciones y empresas colaboradoras, reflejan una forma concreta de vincular la educación con el mundo productivo.
Para quienes están próximos a egresar, conversar con profesionales y conocer distintas trayectorias laborales puede ayudar a tomar decisiones mejor informadas. Por eso, estas oportunidades debieran llegar a más estudiantes, con una participación sostenida de los establecimientos y del sector productivo en su formación.
Desde SAVAL creemos que fortalecer la educación técnico-profesional es una responsabilidad compartida. Nuestro desafío no consiste únicamente en formar trabajadores para el agro, sino también en contribuir a que los jóvenes descubran oportunidades, desarrollen confianza en sus capacidades y puedan construir sus proyectos de vida en nuestra región.
Porque cuando un estudiante descubre el valor de lo que sabe y las posibilidades de lo que puede llegar a hacer, estamos sembrando mucho más que conocimientos: estamos abriendo caminos para su futuro y el desarrollo de nuestro territorio.
Fuente: El Diario Austral de Valdivia

